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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 03
    Noviembre
    2011

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    Tiburones sin piscina

    En otro artículo memorable, escrito durante el remake del Govern Matas, titulábamos "Demasiados tiburones en la piscina". El PP llega siempre al poder con la noble encomienda de resolver, con medios públicos, los problemas privados de sus altos cargos, sin olvidar la importación de escualos a quienes se comisionan las obras faraónicas de ordenanza. En aquella legislatura de 2003 a 2007, advertíamos que la pileta estaba a rebosar de oportunidades de negocio, pero que la proliferación de depredadores superaba a la oferta. Conociendo el carácter de estos emprendedores, la lucha sería cruenta y conllevaría un catálogo de víctimas.
    En efecto, los tribunales y las cárceles abundan en ejemplos de la descomunal batalla librada en aquellos años. Las fieras embistieron unas contra otras –Balears había vivido tres décadas sin una sola infracción de la ley de la omertà en forma de arrepentidos–, y la piscina se llenó de sangre mientras la izquierda hacía ver que gobernaba con su abulia paisajística. La derecha regresa a la primera oportunidad y, en la ferocidad de las dentelladas inaugurales, se observa que el número de tiburones no ha disminuido. Enflaquecidos y famélicos, siguen siendo demasiados. Salvo que ahora no hay agua en la piscina.
    Siempre se sostuvo con resignación que una buena crisis era el único remedio para Mallorca, la catarsis que preservaría alguno de sus valores. Era falso. Los tiburones no se transformarán en herbívoros, pero se adaptarán a sobrevivir en los restos de césped que rodean a la piscina vacía. Ninguno de ellos ha perdido su avidez por la sangre. En la anterior reencarnación de la derecha, la presión de los escualos obligó a crear incluso un Metro, como ejemplo de obra superflua pero carísima. Volverán las oscuras golondrinas de los proyectos fatuos, que en esta ocasión ni siquiera será preciso acabar –recuerden los millones extraídos a una ópera que no alcanzó ni el estatus de maqueta–. Las lanzadas al territorio alanceado olvidarán otra vez que la esencia de Mallorca no es crear riqueza, sino mantenerla.

     

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