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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 04
    Diciembre
    2012

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    Teatro en el Mustang Ranch

    No me hice periodista para entrevistar a Margaret Thatcher, sino para disfrutar de largas veladas en el Mustang Ranch con la excusa de que fabricaba un reportaje. Y una vez coronados ambos objetivos, me reafirmo en la jerarquía profesional. Bajo el ajustado genérico de “Industrias cárnicas” –porque el edificio había albergado una fábrica de sobrasadas–, efectué una aproximación periodística al burdel europeo por excelencia. Estaba patroneado por el mallorquín más auténtico que he visado, un auténtico filósofo de la prostitución. Juan Garau me recordaba que “las relaciones con mis conocidos son muy curiosas, porque todo el mundo quiere venir aquí, pero no quiere que se sepa”.


    Garau no consiguió convencerme jamás de que degustara los manjares que servía en sus trece salas, pero me ahorro la insistencia porque nadie va a creérselo. En aquellas veladas aprendí lo imprescindible sobre prostitución, cuando una joven colombiana me describió “los largos colmillos del perro de la miseria”. Era el lugar idóneo para haber arruinado mi reputación, si hubiera dispuesto de una. El libro de visitantes ilustres del Mustang Ranch compite con el listado de honor de los hoteles más campanudos. Y por cierto, también se empleaba para la promoción turística, un Rasputín inverso con fondos públicos según pueden atestiguar numerosos periodistas centroeuropeos. Gastos de representación.


    El Mustang Ranch fue un gran teatro, de ahí la perplejidad cuando otros actores han elegido sus salas para el espectáculo múltiple Microteatre per Luxúria, una vez abandonados los parajes por las profesionales del fingimiento. Ojalá tengan éxito, pero nunca desligarán el porcentaje de pasolinis culturales y la cuota de personas de los tres o cuatro sexos que anhelaban visitar el antiguo prostíbulo sin comprometerse. Veinte años después, a los antiguos puritanos del lugar nos importará más la preservación del ambiente que la acción dramática. Las fauces abiertas de la miseria, las orgías que celebraban cada operación inmobiliaria, la novela mallorquina seminal.

     

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