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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 01
    Marzo
    2013

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    Soy balear, cazi ná

    Cuántas veces ha pronunciado usted la frase “soy balear”? ¿Vuela usted más a Maó o a Barcelona, a Eivissa o a Madrid? Por tanto, el protocolario Día de la Comunidad fijado para hoy debería ser un hueco en el calendario. Tres décadas de Estatut han preservado la artificialidad de unir islas entre sí o con la tierra firme adyacente. Después de una ristra de presidents que reclamaban un autonomismo titubeante, es relevante que la actual conmemoración corra a cargo de un líder castellanobalear que se burla en abierto de la legislación estatutaria, que aspira a infringir en la totalidad de sus preceptos. El discurso pronunciado ayer por Bauzá debió iniciarse con un explícito “yo estoy aquí para apacentar mis negocios”.  Y así hasta reunir la mitad de los votos de Balears.


    Nos libramos por lo menos de los estupendos análisis en que se nos informa de que “Balears ha muerto”, porque nunca nació. A pesar de la tentación victimista, la anulación identitaria no reposa en la hegemonía mallorquina, al estilo de Barcelona respecto a Cataluña. Nadie en el mundo confunde a Mallorca con Eivissa, y ahí radica la garantía de la inexistencia de una comunidad, por encima de un Estatut más increíble por ficticio que por las perversiones introducidas por la corrupción en su articulado. Tampoco tengo claro que Mallorca persiga el monopolio de la identificación balear, a diferencia del Madrid imperial con sus castillas.


    Balears bien, gracias, salvo que no existe. Hay comunidades imposibles de documentar pese al amontonamiento de provincias. A la inversa, el problema balear es la disgregación de entidades individuales perfectamente definidas. Los Governs sucesivos han impulsado este anonimato de cocina internacional, eligiendo a Kournikova o Cucinotta para el madrinazgo de una entidad geográfica que no sabrían situar en el mapa. Personalmente, me encuentro a gusto en esta geografía disuelta y disoluta, desvinculada. Sólo me preocuparía si en los próximos treinta años me veo obligado a pronunciar el temible “soy balear”.

     

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