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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 13
    Septiembre
    2012

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    Son Esposas

    Son Espases es el mayor escándalo de la política mallorquina, con la posible excepción de son Reus. Antes o después debía actuarse contra los responsables, aunque resulta curioso que la limpieza comience esposando a los inocentes ginecólogos que trabajan en el hospital. Debe tratarse de un ensayo in situ, previo a la detención de los verdaderos culpables. No olvidamos la vertiente de escarmiento. Si los médicos se empeñan en atender a los inmigrantes ilegales como si fueran seres humanos, la policía tratará a los médicos como si fueran inmigrantes ilegales. Quienes hemos visto a los policías aguantando en silencio los insultos de manifestantes, celebramos que por fin aten las manos a la espalda de quien se baja de la acera. En un país no colonizado, el Jefe Superior ya estaría despedido.
    Son Espases se rebautizará Son Esposas. Los recortes sanitarios han llegado al extremo de que los médicos deberán realizar su labor esposados, para garantizar la ralentización de la asistencia. Hace unos años, los mismo policías que esposan a una ginecóloga detenían a políticos corruptos. Hoy se encargan de frenar a quienes denuncian la corrupción que obliga a disminuir la asistencia y a estafar a los ciudadanos en aparcamientos subterráneos, con el aplauso de la autoridad competente. Por fortuna, hay policías ligados familiarmente al personal hospitalario, así que sabemos que tenían órdenes de emplearse sin complejos sobre unos manifestantes a quienes aventajaban en número.
    La premisa de la guerra justa y de la detención justa es la proporcionalidad. Políticos condenados en Mallorca a seis años de cárcel por corruptos no han sido tocados por la policía, ni han sufrido pérdidas de libertad comparables a los médicos de Son Esposas. Incluso a quienes anteponemos con Goethe la injusticia al desorden, nos sorprende el escaso eco del suceso, y que quede impune la nauseabunda explicación de la delegada del Gobierno. Un pueblo sin orgullo es más fácil de maniatar, aunque las esposas indiscriminadas pueden ser contraproducentes y generar indiferencia. La injusticia necesita el miedo armado, porque es esencialmente cobarde.

     

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