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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 06
    Junio
    2011

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    Si te gusta el Barça, no te gustará Nadal

    Estoy harto del Barça, y considero que me encuentro en el lugar más apropiado para escribirlo. Me aburrió soberanamente la final de la Champions, que cautivó hasta al traidor Mourinho. El beato Guardiola se limita a administrar el genio de Messi, que de niño se cayó en la marmita de la hormona del crecimiento. El conjunto es tan afiligranado y aburrido como... Roger Federer. Unicamente soporto un partido del suizo cuando juega con Nadal VI, y no sólo porque acostumbra a perder.


    Si quieres poner en un aprieto a los barcelonistas extasiados con la final de Roland Garros, recuérdales que no pueden disfrutar a la vez del Barça y de Nadal VI, son incompatibles por fortuna para el mallorquín. Y si insisten en el aprecio compartido es porque no les interesa demasiado ni el juego barcelonista ni el tenis. Sólo se preocupan por ganar, con lo que su criterio no nos sirve como guía analítica.


    Quienes salivan ante el juego somnífero del Barça no pueden aplaudir simultáneamente la furia creativa y el contorsionismo bárbaro del campeón de Manacor. Sólo su salvajismo mozartiano le permite reequilibrar el primer set, ganando siete juegos consecutivos con el machete entre los dientes. Golpea inmisericorde por alto el revés a una mano de su pulquérrimo y barcelonista rival. Sin miedo, ahí está la diferencia con el amilanado Madrid.
    No me alegro de que Nadal VI gane trofeos, sino de que hunda a Federer. Djokovic se coló como un estorbo en la monumental paliza del mallorquín al suizo. Con 17 victorias a ocho –nueve de los últimos once enfrentamientos–, ¿quién es el mejor tenista de la historia? En la actualidad sólo hay tres campeones en la pista, pero entrelazados en un carrusel que se asemeja a un vodevil. Federer teme a Nadal VI que teme a Djokovic, que cae ante Federer. La euforia de Toni Nadal ante la derrota del serbio en semifinales es el mejor indicio del primer susto que recibe su sobrino en su carrera triunfal.


    Federer es el único deportista –al margen de los jugadores del Barça– que acaba los partidos mejor peinado que al comenzarlos. Puede ganar cien torneos más, pero nunca será Michael Jackson ni Edwin Moses. El suizo juega al tenis como si fuera golf. Adivine qué equipo juega al fútbol como si fuera golf. Cada golpe de Federer es un apunte contable sobre la tierra cuadriculada. Nadal VI improvisa sus vehementes garabatos.
    Sólo Ferrero ha odiado más a Nadal VI que el suizo. Antes de la remontada de ayer, los atisbos de una lesión obligaban a recordar que las rodillas de Nadal han preocupado más a sus compatriotas que las articulaciones del Rey. (La única buena noticia que ha dado Zapatero en dos años es la recuperación del monarca tras una operación con anestesia local).


    Nada nuevo en París. El suizo lleva el tenis al punto de congelación, como hace el Barça en el fútbol. Su perfección despierta la emoción de una letanía. En cambio, Nadal VI está vivo incluso cuando pierde, o sobre todo cuando pierde. Se exhibe siempre desesperado, con una intensidad depredadora que hoy en día sólo comparten las bacterias. Su rabia ha sido un revulsivo para un tenis amortajado, ni las respectivas familias de Sampras o de Courier disfrutaban con el juego de sus allegados. El fútbol mundial necesitará con urgencia un aliciente parecido, para descontaminarlo del toquecito repelente implantado como doctrina universal.


    Tras la final, Federer se dirigió a su cámara de hibernación y quedó demostrado que Nadal VI está desembocando en un Jimmy Connors muy mejorado. El mayor gambito del mallorquín es oratorio. Ha aprendido a justificar su irrefrenable gamberrismo. En las ruedas de prensa habla de la "ocupación de espacios", como si fuera un cronista del Barça. Sin embargo, su hegemonía no reside en teorizar, sino en aterrorizar. Le sobran las coartadas estetizantes, máxime cuando ayer también sobrevivió a la entrevista con espinos que le infligió Lynn Barber en el Sunday Times. Lo que llega a decir de su novia.

     

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