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Blog Al azar - Matías Vallés

Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 30
    Agosto
    2012

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    ¿Quién lo dice?

    La pregunta básica del periodismo es “¿quién lo dice?”, formulada con actitud desafiante y orgullosa porque el discente siempre representa al poder. En realidad, se trata del interrogante elemental del ser humano, trasladado a la prensa porque los ciudadanos están demasiado ocupados para cuestionarse de continuo los mensajes equívocos que reciben. Este mandato se traiciona cuando se acepta a pies juntillas el pronunciamiento de la plaga de expertos, y se prostituye al otorgar una vitola de independencia a empleados del sector bursátil –o bancario– que se pronuncian sobre el futuro de la Bolsa –o de la banca–.
    El monstruoso ridículo de los informes policiales sobre los niños cordobeses desaparecidos no sólo cuestiona el apelativo de “científico”, parapeto que suele envolver a las grandes mentiras. Interpela asimismo a los periodistas crédulos, que han abdicado del “quién lo dice”. La calificación de Policía Científica sólo significa que dispone de más medios para equivocarse, y de esa matriz emergió el informe sobre el ácido bórico, donde una vez más se postergó el “quién lo dice” a un magnífico titular. 
     Frente a los disfraces científicos, la desconfianza es el camino más seguro hacia la verdad, y la luz del sol actúa como el mejor desinfectante. La duda es la misión esencial del periodismo, tan descuidada cuando los medios pecan de un narcisismo directamente proporcional a su influencia. No depositan la fe en la verdad, sino en que su verdad no podrá ser rebatida. El melodramatismo ha anulado el bullshit detector que los manuales sajones atribuyen al periodista, y que se traduce en el repiqueteo constante del interrogante “¿por qué me está engañando este imbécil?” En cambio, los discípulos de aquellos maestros cometemos el crimen de someter a una presión indecente a personas privadas, víctimas o culpables. Algún día habrá que explicar por qué la anciana del Ecce homo es más acosada que Rodrigo Rato, pese a que la restauración del cuadro financiero a cargo del segundo ha cursado con consecuencias catastróficas. Y por supuesto, el siempre impertinente “¿quién lo dice?” debe empezar por este artículo científico y por su autor.

     

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