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Blog Al azar - Matías Vallés

Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 05
    Mayo
    2014

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    Que vienen los chinos

    El periodista siempre está incordiando con preguntas que camuflan su ignorancia. De ahí mi sorpresa al ser ametrallado recíprocamente por mallorquines que, antes de dar los buenos días, desean saber si vienen los chinos. Intento tranquilizarles:

    –Vienen los chinos, pero no todos.

    Después del hotel Valparaíso, los chinos comprarán el hotel del Palacio de Congresos, y han descartado el hotel Raixa porque ni en su país hay edificios de fealdad semejante. Es decir, la industria hotelera mallorquina es tan boyante que vende sus establecimientos emblemáticos a los chinos. Curiosa exhibición de poderío. La denominación estándar del comprador es "un grupo chino", pero generalizo porque el título de agrupación solo se concede en China a partir de diez millones de personas.

    Quienes preguntan por la llegada de los chinos albergan más de una reserva, pero los suspicaces no han cobrado 50 millones en euros chinos por un hotel. Sorprende que el desembarco de los chinos sea jaleado por los mismos que denigran la proliferación de tiendas de baja gama, gestionadas por ciudadanos de la ubicua nacionalidad. Un mallorquín solo se deja esclavizar por un potentado. Nada disuelve la xenofobia como una abultada bolsa, que engrasa la hermandad entre los pueblos.

    Si ya somos la China de Europa, no debiera sorprendernos la llegada de los chinos auténticos. Cabe imaginar la sorpresa del "grupo chino", al observar que los salarios mallorquines son más bajos que en su país de origen. En cuanto al Valparaíso como símbolo, se trata del hotel más elevado de Palma. Su privilegiada ubicación solo hubiera sido factible con la legislación urbanística de Franco o de Bauzá. Sus últimos propietarios autóctonos lo adquirieron como portaestandarte de su imperio, por lo que la venta equivale a la rendición a los chinos de la bandera del turismo mallorquín. Nuestros inefables hoteleros se desprenden de sus joyas en Mallorca, para construir resorts en otros países. Qué sabrán ellos que a nosotros se nos escapa, para que nos dejen a solas con los chinos.

     

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