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Blog Al azar - Matías Vallés

Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 16
    Octubre
    2012

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    Por no hablar del apocalipsis

    El alboroto desmedido en torno a la crisis económica arrincona injustamente la celebración del fin del mundo, programado para este año si los mayas no yerran. Algo me dice que este apocalipsis no es como los demás, lo cual obliga a reservarle algunos rincones de la actualidad, sin omitir el recuento de sus indudables aspectos optimistas. Por ejemplo, la fecha programada del 21 de diciembre no sólo nos librará de las siempre engorrosas Navidades, con sus inevitables cuñados. El mes elegido para la extinción del planeta paliará además los efectos de las pagas extras suprimidas por Rajoy. En el balance negativo, no habrá tiempo de incumplir las promesas de Año Nuevo, uno de los placeres más refinados.
    La historia se repite, pero no a todas horas. Quienes se empeñan en que este fin del mundo les suena, se parecen demasiados a los aficionados que comparan erróneamente a Messi con Maradona, cuando el cambio de circunstancias modifica las esencias. En algún momento se temió que el colapso económico se anticipara a un apocalipsis dotado de los efectos especiales que la ocasión requiere. Por fortuna, en diciembre estaremos famélicos pero todavía con la capacidad sensorial suficiente para apreciar la extinción. En las encuestas se reserva una casilla para quienes piensan que “un apocalipsis mejoraría nuestra situación actual”.
    Los escépticos del apocalipsis se refugian en que todos los profetas se equivocan al predecirlo, y que ya los lejanos egipcios pronosticaban el derrumbamiento del cielo sobre sus cabezas, por no hablar de los galos de Astérix. Se trata de una falsedad, porque no queda lógicamente nadie para reivindicar su correcta datación del fin del mundo. Los verdaderos profetas comparten el destino de sus congéneres, en cualquier exterminio que se precie. Además, lo importante es lamentarse, como ya estableciera Calderón en La vida es sueño. “Que tanto gusto había en quejarse, un filósofo decía, que, a trueco de quejarse, habían las desdichas de buscarse”. En eso estamos.
     

     

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