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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 11
    Mayo
    2012

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    Palma no da para un Renoir

    A falta de resolver el interrogante objetivo de cultura para qué, hemos aclarado el subjetivo cultura para quién. Para nadie. El pasado abril, dos actores trabajaban sobre el escenario de la sala de teatro más bonita de Palma, bajo la atenta mirada de cinco espectadores. Por esas mismas fechas, una función dramática mimada con una docena de páginas de información en la prensa local reunía a 25 personas en el Principal. Mi última experiencia de espectador teatral congregó a familiares y amigos, no demasiados en ambas categorías. Admito que el sistema de taquillaje antediluviano de los teatros –cuesta más acceder a una sala que a un vuelo transoceánico– merece su vaciado, y que Sergio Dalma llena antes de sacar las entradas a la venta, pero no hablamos exactamente de esto.
    No seamos hipócritas, la palabra que definía a los actores en la Grecia sin quebrar. Usted y yo abominamos de la cultura, aunque nos apetece quejarnos sistemáticamente de la escasa oferta intelectual. Los desertores de la agenda culta no son constructores o políticos –por citar los sectores sociales de estulticia más acreditada–, sino los pretendidos ciudadanos con una formación. Por eso cierran los cines Renoir, una decisión que produce cierto dolor a pesar de la evidencia de que Palma necesita más tiendas de bolsos. La isla cosmotroglodita y políglota no puede permitirse una sala en versión original, porque se espanta.
    Palma es una capital universitaria, con miles de estudiantes, profesores, médicos, abogados o arquitectos. Por no hablar de los alemanes. Cuando el índice cultural era teóricamente inferior al actual, los multicines Chaplin incorporaban incluso una librería. Hoy no damos ni para un Renoir, aunque puedo ahorrarme las lágrimas de quienes no sabrían situar las salas en un mapa, aunque adoren los funerales. Desaparece otro remanso, que permitía evadirse de las miserias de Mallorca. A cambio, dejaré de subvencionar a los delincuentes que se descargan gratuitamente las películas que yo pago por ver, lo cual no me consuela tanto como pensaba.

     

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