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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 03
    Febrero
    2014

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    Palabras a prohibir

    En el Génesis, año arriba año abajo, Dios fulmina a Caín con el interrogante “¿dónde está Abel?” El asesino interpelado responde a bote pronto con una mentira, “no lo sé”. Sin embargo, pronto se convierte en el primer político de la historia, al desviar su reacción con un clásico del espín o distorsión del discurso. “¿Soy yo el guardián de mi hermano?”, despista como si fuera un ministro. Dado que la labor representativa ha degenerado en una actividad eminentemente cainita, hay que corregir su propensión a mentir sin que se note. Cada iniciativa regeneradora pretende renovar el discurso mediante la introducción de nuevas palabras. En realidad, se precisa una moratoria que prohíba los términos deformados por el abuso.

    La lista de las palabras a suprimir de inmediato, y hasta nueva orden en estas mismas páginas, se inicia con “sostenible”, que ya solo ilumina su “SOS” inicial como una demanda de socorro. Por igual, la “solidaridad” anda tan manoseada que su sola mención incita a violencias poco recomendables. Ningún vocablo se utiliza hoy más y peor que “transparencia”. Los políticos cainitas lo traducen como sinónimo de la invisibilidad que pretenden. Al igual que ocurre con sus hermanos a prohibir, la supresión no modifica en absoluto la frase. Pruebe con las dos versiones de “prometió (transparencia en) la solución del problema”. En fin, desterremos “humanitario” porque siempre evoca la “guerra humanitaria de Irak”, saldada con apenas unos cientos de miles de muertos.

    Había una alternativa, no inferior por menos explorada. En rueda de prensa celebrada el 21 de abril de 1961, tras el fracaso de la invasión de Cuba, Kennedy recordó “un viejo dicho que sostiene que la victoria tiene cien padres, y que la derrota es huérfana”. JFK cargó con toda la culpa como “responsable del Gobierno”. Los estadounidenses se volcaron y le concedieron el mayor apoyo de su presidencia, una aprobación del 81 por ciento. Supera a la suma de valoraciones del Gobierno entero de Rajoy y asimilados.

     

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