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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 25
    Mayo
    2013

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    Munar ya no puede vengarse

    El tópico propone que los lugartenientes de Maria Antònia Munar Munar la traicionan porque su desmayada jefa ya no puede defenderse. En realidad, los adjuntos la despedazan porque ya no puede vengarse. Bartomeu Vicens y Miquel Nadal aplican la lógica principesca de Maquiavelo. El florentino aconseja golpear al enemigo cuando carece de la energía suficiente para desquitarse. La presidenta de Mallorca en todos los sentidos creyó que perpetuaría su legendaria supremacía sobre débiles varones. Hoy, las acusaciones de sus mayordomos superan en valor a las instrucciones y sentencias judiciales. Nadie imaginó a la propietaria de UM al borde de la cárcel en su apogeo, pero todavía era más increíble que sus adictos vulneraran la omertà.

    Denunciar a Munar es más costoso que restituir cientos de miles de euros, por citar la doble penitencia que se ha impuesto Vicens en can Domenge. Su confesión refuerza retrospectivamente la versión ofrecida por Nadal sobre el dinero que le entregó la presidenta del Consell en su coche oficial, un delito ya condenado por la Audiencia y pendiente del Supremo. El trío se había hermanado para montar el negocio más suculento de la historia, estafar a todos los mallorquines todo el tiempo. De ahí que el descuartizamiento mutuo de los escualos ofrezca un espectáculo más jugoso que la aséptica intervención judicial.

    Cabe recordar que Nadal rompe el pacto de silencio en cuanto sospecha que Munar va a cargarle el mochuelo en un exceso de soberbia. La lealtad que exigía Lady Diada se prolongaba más allá de la cárcel, de nuevo el modelo italiano. Por si el sagrado vínculo del dinero no fuera un pegamento acreditado, la presidenta confiaba en inspirar el miedo suficiente para atenazar a su cuadrilla. Por eso mismo, los testigos de la sumisión de Nadal y Vicens a Munar saben que, si era inverosímil que la denunciaran, resulta imposible que mientan sobre los manejos que cocinaron bajo su batuta. La que más ha ganado es la que más tiene que perder, pero la derrota nunca cotizó en el vocabulario de Munar.

     

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