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Blog Al azar - Matías Vallés

Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 02
    Febrero
    2012

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    Mi último Spanair

    Volé una semana atrás con Spanair, una tontada que de repente se convierte en noticia. No percibí nada anormal, lo cual no va a ahorrarles a ustedes el presente artículo. Las azafatas comentaban sus afecciones gripales y una fiesta de cumpleaños. Extrañamente porque, en mi último centenar de vuelos con diferentes compañías, la tripulación debatía siempre cuestiones laborales mientras se enlataba al pasaje. Esta diversión a los asuntos propios tenía un curioso efecto sedante. Volviendo a la línea aérea creada por los ejemplares Díaz Ferrán y Pascual, un adagio del viril gremio de la aviación estipula que "si quieres saber la importancia de la seguridad, prueba a tener un accidente". Ha vuelto a cumplirse. 
    La ignorancia de los trabajadores sobre la inminente desaparición de Spanair no es transmisible a los gestores de la empresa. En una misma semana se informó de que una línea aérea del Golfo se negaba a rescatar a la compañía en ruinas, y de que su presidente sería contratado por un club de fútbol propiedad de otro emirato árabe. Curiosa coincidencia. Los ciudadanos más efervescentes recuerdan que una persona que retrasara el tráfico aéreo invadiendo una pista de aterrizaje acabaría en la comisaría. Si lo haces a lo grande eres un excelente gestor, en calificación de Artur Mas.
    En una de mis penúltimas experiencias con Spanair, el piloto anunció al pasaje que "va a ser un vuelo movidito". Lo fue, pero nos tranquilizó al avanzarlo. Su frase vaticinaba el tormentoso futuro de su compañía. Hoy veo llorando a las azafatas que en mi viaje de despedida hacían planes para reunirse con sus familiares. Mi último comandante de Spanair era un excelente profesional, dedicado a su pasaje y que delineaba con voz cálida las incidencias del trayecto. Es decir, alguien que ejecuta con competencia un trabajo altamente especializado, y que unos días después se queda en la calle por la torpeza de un hatajo de directivos y políticos a cubierto. La desgracia del aviador es la mejor parábola de una crisis que está abaratando la demagogia, y eso que todavía no ha empezado.

     

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