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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 05
    Julio
    2011

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    Mi calle no es Blanquerna

    Si tienen la desgracia de circular por la calle donde vivo, siéntense y siéntanse a sus anchas. No patrimonializo la isla donde habito accidentalmente, que recibe a diez millones de forasteros anuales en el último recuento, y que vive de ellos. No recuerdo haber utilizado nunca la expresión “mi calle”, porque no entiendo que los vecinos de una vía urbana se comporten como propietarios, por mucho que sus indudables estudios de Hayek les conduzcan a sugerir la privatización de los barrios predicada por el pensador ultraliberal. En el imaginario español, “mi calle” cursa demasiado próxima a “la calle es mía”, célebre expresión del ultrademócrata Fraga cuando ocupó la cartera de Interior.

    Ya habrán imaginado que este artículo desemboca en la calle Blanquerna. No puedo hablar de ella en propiedad, porque no vivo allí y porque, desde que me enteré de que su futuro compete en exclusiva a sus vecinos y comerciantes, la sorteo escrupulosamente para circular por calles con menos pedigrí y dueños. Pese a tanta salvedad, los fragmentos que he contemplado de su peatonización me parecen el sueño de una ciudad liberada de la dictadura del automóvil, a falta tan sólo de suprimir a los vándalos en bicicleta. El alcalde Isern, con inmensas propiedades en la zona, debe pensar lo mismo. Sin embargo, ha de dar marcha atrás por ideología, aunque la restitución asfáltica suponga tomar la dirección de la edad de piedra.

    Los comerciantes de Blanquerna también deben preferir que ningún ser humano de otro territorio se adentre en su calle, para comprar en sus tiendas. El blindaje de las vías urbanas es el sueño de los hipermercados impersonales que acechan desde la periferia, pero ni los criterios mercantiles prosperan ante las ínfulas de propiedad. En fin, si les invade la nostalgia de los tiempos en que la esencia urbana se basaba en la interpenetración de sus arterias y no en su autarquía, aprovechen los últimos días de una Blanquerna en la que he visto desde fuera a viandantes y clientes felices, dentro de los confines que Palma impone.

     

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