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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 02
    Octubre
    2012

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    Matarse por una película

    No tengo claro que Dios esté contra la blasfemia, y sólo disponemos al respecto de la opinión de quienes todavía no Le conocen. Me refiero por supuesto a la divinidad tolerante y patriarcal, al Viejo de Einstein, algo avergonzado por habernos colocado en este planeta. Lo que acabo de escribir ya sería blasfemo para los guardianes de la ortodoxia, que siempre hablan de morir por su fe pero, en el momento decisivo, prefieren matar para preservarla. 

    Se habrán imaginado que lo anterior viene a cuento de una pésima película sobre Mahoma, que no me veo capaz de soportar ni para ofender a los integristas de turno. En principio, quien se escandaliza ante una idiotez participa de ella.


    Se dice que la blasfemia amenaza las convicciones religiosas. Hace falta tener convicciones muy débiles, para que se tambaleen ante una blasfemia. Máxime cuando toda religión cuenta con su versión del combate pornográfico entre Don Carnal y Doña Cuaresma. Con Alicia ya aprendimos que lo importante no es desentrañar el sentido de las palabras, sino saber quién manda. Por tanto, puedes caricaturizarme con la misma saña que yo a ti, pero ni se te ocurra satirizar a la divinidad, a sus representantes en esta tierra y, ya que estamos, a los gobernantes y poderosos en general. Su topless es vida privada. El tuyo, dos pechos en una playa.


    No todo está perdido. A raíz de la publicación de Joseph Anton, las memorias de Rushdie sobre la condena de muerte de los ayatolás, en la mesa de novedades de los grandes almacenes le han colocado al lado un ejemplar de Los versos satánicos, sin escandalizar a uno solo de los compradores de sartenes. Hasta finales de año, trabajaré únicamente con librerías que mantengan este libro bien visible. La obligación de someter a prueba las convicciones más asentadas ya estaba en John Stuart Mill, y la risa es el mejor procedimiento de filtración. Empieza enseguida, o no te dará tiempo para reírte de todas las cosas que merecen una carcajada. O que merecen la pena, porque son indistinguibles.

     

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