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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 07
    Mayo
    2013

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    Mallorquines en ‘Victus’

    Leer Victus pertenece al mismo género de experiencia que contemplar un partido del Bayern de Munich o un concierto de Bruce Springsteen. Agotadora pero reconfortante, la novela de Albert Sánchez-Piñol exprime todas las enseñanzas que las Españas de 1714 trasladan a 2014, y viceversa. A lo largo de un ímprobo trabajo de recreación, un pícaro deslenguado se sitúa al frente de una obra maestra de la ingeniería literaria y militar. Sin nada que envidiar a los pasajes de Guerra y paz concentrados en la batalla de Borodino, la narración sobre la toma de Barcelona a cargo de las tropas de Felipe V recuerda que el ambiente castrense ha de acompasarse a sus miserias y muertes, en el podio invertido de las trincheras.

    Cada habitante del universo puede extraer su enseñanza de Victus. Ahora bien,  el retrato en hábiles trazos de los artilleros mallorquines que defendieron la Barcelona asediada compone el mejor compendio del carácter isleño en décadas. Los autores locales perfilan una Mallorca de opereta, Sánchez-Piñol requiere a sus habitantes para estipular que los antihéroes libran las guerras, el único escenario donde la derrota está garantizada por la propia naturaleza de la acción.

    Los prestigiosos artilleros mallorquines heredan a los honderos de Aníbal. En apenas unas pinceladas, Victus los define como independientes, impasibles, solitarios, certeros, ajenos a la jerarquía, demoledores pero exentos de crueldad. No persiguen la gloria, pero huyen de los gloriosos. En un libro propenso al diálogo, no hay palabras en la boca de estos artesanos eficientes, que comen rancho aparte. Nadie desearía tenerlos a su lado ni podría prescindir de ellos. Sólo aspiran a que los extraños les dejen en paz y a que la derrota les pille trabajando. La fe en unos principios entorpecería su pericia en la estimación de ángulos y distancias. Son los únicos personajes de la novela que han logrado doblegar el escepticismo a tiempo completo de su autor. Nunca se dan por vencidos porque no tienen nada que ganar.

     

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