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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 19
    Enero
    2012

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    Mallorca, dolor global

    Hay mallorquines que se atreven a dudar de la globalización. O peor todavía, que desean extirparla. Habría que advertirles en primer lugar de que concentrar a un millón de personas en una isla de dimensiones discretas y recursos limitados equivale a un contrato de esclavitud con el exterior. A continuación, procede un repaso a los titulares. Cuando los talibán asaltan un hotel de Kabul en la prórroga eterna del 11-S, un piloto mallorquín es asesinado en el ataque. Cuando Al Qaeda secuestra a cooperantes en Africa, un mallorquín figura entre las víctimas. Y cuando una maniobra idiota encalla un crucero, también hay mallorquines entre los náufragos.
    En periodismo, tres hechos conforman una tendencia. Por tanto, la globalización de Mallorca se mide también en la desgracia. Los tres apuntes aquí encadenados no expresan una maldición contra la isla, sino que corroboran la dispersión por el planeta en las diferentes modalidades de viaje: Laboral, solidario y ocioso. Por no hablar del contacto con las mayores metáforas de la actualidad: El 11-S, Al Qaeda, el viernes 13 y el Titanic. En realidad, y pese a la grandilocuencia mediática, en el caso más reciente se trataba de un crucero casi provincial. Además, el rescate no fue por clases, como hace un siglo. En el sálvese quien pueda, los tripulantes fueron los primeros en aposentarse en los botes salvavidas.
    Las desgracias que afligen a los mallorquines globales en el exterior pueden trasladarse a la situación de la isla. Si no hay manera de desalojar ordenadamente a cuatro mil personas encalladas a unos metros de la costa, imaginen el caos que puede adueñarse de una embarcación que transporta a un millón de seres alrededor del sol. Además, el mazazo propinado a los cruceros por el Costa Concordia y su caprichoso capitán demuestra la fragilidad del turismo. El viaje de placer es una ilusión en la que se depositan las últimas esperanzas. Si quieres saber el precio de la seguridad, prueba a tener un accidente. Por fortuna, el Govern inspecciona con sumo celo los establecimientos turísticos, ¿verdad?

     

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