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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 03
    Febrero
    2012

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    Los desayunos de Fabián Estapé

    Benedicto siglo XVI acababa de sentarse en su trono espiritual, así que Fabián Estapé enarboló un cruasán para sentenciar que "me preocupa la cantidad de cosas que no le gustan a Ratzinger. Abomina del marxismo, del liberalismo,... De un plumazo ha despachado a más de la mitad de la intelectualidad mundial". El catedrático de Economía falleció consecuente el día del arrebato tremendista de los ministros Gallardón, Mato y Wert. No le quedó tiempo para actualizarse en "me preocupa la cantidad de cosas que no le gustan a Rajoy". En otro desayuno me había cuarteado al primer gobernante del PP. "Aznar me obliga a rescatar el latín, el concepto de mente captus".
    Habrán comprendido que conocí a Estapé desayunando. No pude apoyar el cuaderno de entrevistar en la mesa, porque estaba repleta de viandas. Pensé en Robert Morley reencarnado. Las carcajadas también dificultaban la toma de notas. "Mi alumno Piqué sólo es un aprovechado, Zaplana es mucho peor". Aquel desayuno era una prueba iniciática, y el catedrático me premió con su amistad. En sus ojos afilados atisbé la economía, "esa ciencia a medio cocer". Y también desayunábamos cuando me diagnosticó certeramente al Zapatero que llevaba apenas un mes en La Moncloa. "Nos equivocamos con él, es más implacable y frío de lo que pensábamos". Me gustaba alentar su espíritu autocrítico:
    –Franquista, más que franquista.
    –España se iba a la mierda, y la hubiéramos tenido que heredar en ese estado.
    Mantuvo el humor al cambiar de dieta, "porque los desayunos de chocolate y ensaimadas que compartía contigo en Palma no eran lo más adecuado". Inexacto, porque Estapé ponía en comunión su inteligencia, su agudeza y sus ganas de jugar, pero monopolizaba los manjares. Comías de él. Bromeaba sobre su aspiración "a unos funerales pontificios". No distinguía demasiado la vida de la muerte, salvo que la segunda le permitirá "plantearle humildemente a Dios si era necesario crear el mundo en seis días, cuando no había ninguna prisa". Buen provecho, maestro.

     

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