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Blog Al azar - Matías Vallés

Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 25
    Abril
    2013

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    Libros de familia

    En mi periódico paseo por Palma para reencontrarme con las clases medias o incluso trabajadoras, el pasado martes contemplé montones de libros por las calles, aunque todavía nadie les había prendido fuego. Para recuperar un hábito perdido, decidí comprar algún volumen de los expositores. Mi única condición es que no se tratara de uno de esos insoportables pastiches en que escritores con escasa imaginación y menos laboriosidad poetizan sobre su infancia edulcorada de niños prometedores, exageran sobre las familias virtuosas donde crecieron prodigios que eran ellos mismos, y así sucesivamente. El género de las vidas ejemplares, a cargo de memorialistas santurrones, es más deleznable que la literatura de autoayuda.


    Mi exigencia me condenó a volver de vacío. Ya no hay libros en que el autor no aclame su niñez como el embrión de un fenómeno universal, al estilo del norcoreano Kim-Il-Sung. Los literatos se han enfangado en la redacción de libros de familia franquistas, abominables desde que un tal Tolstoi advirtiera que la felicidad es igualmente aburrida en todas sus manifestaciones. Se escudan en su niñez y en sus progenitores, tíos y allegados porque conforman un paisaje inatacable por la crítica. ¿Qué desalmado va a reprocharle al autor que su padre es un perfecto imbécil, incluso en el excelso retrato amañado por su vástago?


    Compraré con ganas la pueril evocación de un literato, cuando contenga párrafos de la densidad de “fui el peor alumno de mi promoción, para enlazar con la tradición de mediocridad que me fue insuflada en un hogar asfixiante”. Si los escritores han de reconciliarse con su pasado o hacerse acreedores de la herencia económica, que no tomen como rehenes a sus lectores. O que aprendan  de autores que nos han ahorrado la gazmoñería. Ahí está el impagable Christopher Hitchens de Hitch-22, o El refugio de la memoria de Tony Judt, o el antiedípico odio de Gore Vidal hacia su madre en Palimpsesto. O Houellebecq, antes de que leerlo fuera una pérdida de tiempo y emigráramos a Beigbeder.

     

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