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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 10
    Mayo
    2013

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    Ley de gravedad en Bunyola

    Las leyes humanas pueden retorcerse a voluntad de sus intérpretes, con Mallorca como paraíso de la distorsión legislativa urbanística. La ley divina es implementada por seres humanos, lo cual no nos lleva mucho más lejos que el apartado anterior. Sólo nos queda confiar en los implacables códigos de la naturaleza, empezando por la newtoniana ley de la gravedad. A menudo pienso que es la única norma vigente, con su condena a todos los cuerpos a dirigirse hacia el centro de la tierra. Hacia abajo, en román paladino. Y llegamos así a Bunyola, donde los desprendimientos gravitatorios de rocas gigantescas destruyen o amenazan a viviendas francamente ilegales, según los criterios violados de las leyes humanas y divinas.

    Los infractores no contaban con la inapelable ley de la gravedad, que ni un Govern del PP puede corromper. El alcalde de Bunyola miente que ha descubierto la ilegalidad de las viviendas a raíz de los desprendimientos. En realidad, está aterrorizado porque un suceso luctuoso obligaría a investigar la política municipal sobre los asentamientos que la naturaleza ha desenmascarado. No nos ensañamos con los pecadillos de los burladores que han relajado la legislación humana y divina, en una comunidad cuyo presidente cambia media docena de leyes para salvaguardar su pisito millonario ilegalizado por el Tribunal Supremo. Sin embargo, saboreamos la irónica justicia retributiva de la naturaleza, cuyo primer objetivo es matarnos a todos.

    Resulta que había una razón de peso –en toneladas– para no construir en las laderas de la Tramuntana. La contradicción debe continuar, y las autoridades que no interrumpieron culpablemente las construcciones pueden reclamar ahora el forrado con hormigón de todas las montañas de Mallorca, porque el urbanismo ilegal prevalece sobre cualquier mandato humano, divino y de la madrastra naturaleza. Por supuesto, esta obra imprescindible será pagada a escote y sin parar mientes en sus repercusiones estéticas. Como ha hecho Bauzá con su pisito junto a la Seu.

     

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