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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 15
    Octubre
    2014

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    Las esposas de Cajamadrid

    El escándalo de las tarjetas negras de Bankia –¿por qué lo siguen llamando Caja Madrid?– consiste en que el chiringuito pagara sobresueldos más suculentos a sus consejeros que Bárcenas a los jerarcas del PP. La virilidad financiera ha hecho el resto, porque la inmensa mayoría de atracadores son purititos machos. En cambio, entre las personas agraciadas en segunda instancia se alcanza la paridad, gracias a las inversiones en masajes, spas, lencería y regalos a amantes. Incluso puede que alguno de los objetos adquiridos en Hermès, Louis Vuitton, Loewe y la joyería Durán se destinara a las santas mujeres de los dadivosos apandadores. Y es aquí donde aflora el auténtico drama, porque los asaltantes de la caja negra se han librado de las esposas metálicas que debió imponerles la Justicia, pero no de las iras de sus aceradas esposas sacramentales.

    Habrá que escrutar la evolución conyugal de los consejeros. Más de uno se quedará sin casa y sin caja, porque su legítima esposa no recordará haber vestido prendas interiores de Women'Secret. O pretenderá averiguar con todo lujo de detalles la identidad de la masajista que cobraba cientos de euros por sesión. O recordará con exactitud que su marido dijo que estaba agobiado en la oficina, el mismo día en que la tarjeta señala que invirtió miles de euros en el Ritz. La lencería de Bankia, de un negro sugerente, se vuelve contra los atracadores con más furia que la Hacienda que miraba a otro lado para no excitarse.

    Todos querríamos vivir a cuerpo de jefe de la Casa del Rey, pero también la corrupción exige sus precauciones. Tanto los consejeros de Bankia como los asalariados de Bárcenas debieron repartir exquisitamente sus obsequios. Un Vuitton para cada amante y otro indistinguible para la esposa. Al fin y al cabo, corre más peligro quien es descubierto atracando un cajero por el cónyuge arisco que por el complaciente Estado, a quien basta con reintegrar los botines de los golpes esporádicamente descubiertos. Los atracos irresueltos repercuten íntegros a favor del ladrón.

     

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