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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 19
    Octubre
    2012

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    La reventa de Raixa

    Pocas veces he visto a una mujer tan enamorada. Jil Sander me explicaba la pasión súbita que la incendió al descubrir Raixa. La diseñadora más exquisita de Europa –viste a Tilda Swinton en Io sono l’amore– estaba dispuesta a comprar una finca ruinosa a precio de oro, con el dinero obtenido por la cesión de su marca a Prada. A continuación, invertiría otra fortuna en restaurar el entorno, conjurando el amor desbocado con sus cánones minimalistas. Consciente de que se trataba de una propiedad cargada de esencias autóctonas o turísticas, brindaba su disfrute a las visitas públicas, con una generosidad ausente en ningún otro dueño de la tierra. No me describía un proyecto, sino una religión, nada que ver con los calatravas que cobraban millones por maquetas invisibles.
    En la operación de venta de Raixa ya pactada se entrometió Jaume Matas, a la sazón ministro de Medio Ambiente. Arrebató la finca al libre comercio para regalársela como petición de mano a Maria Antònia Munar, su pareja esencial en el Consell Inmobiliario de Mallorca, hoy Consell de Basuras. La operación fue tan oscura como acostumbraban las partes implicadas, lo cual obligó a la ministra sucesora de Matas a enmendarla. Por una vez, Madrid pagó el despilfarro mallorquín. Jil Sander porfió sin éxito. Pocas veces he visto a una mujer tan decepcionada.
    Raixa fue el anillo de compromiso PP/UM del cuatrienio 2003-2007, el cénit de la corrupción mallorquina si descontamos la era actual. Una década después del disparate, el Consell no sabe cómo desprenderse de la finca tan insostenible  como emblemática. Reventa o revienta. Es decir, se busca a una incauta compradora extranjera con la liquidez sentimental y económica suficiente, para embriagarse con una propiedad que simboliza el concepto que los extranjeros tienen de Mallorca. La venta encubierta debería acompañarse de una tímida admisión de culpa. La reventa de Raixa es la revancha de Jil Sander. Creo que conservo el teléfono de la diseñadora en alguna parte, por si le interesa a la presidenta del Consell de Basuras.
     

     

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