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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 03
    Febrero
    2014

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    La “minimidez” de Bauzá

    Bauzá es el mejor ejemplo del fracaso escolar en Balears. Su Tratamiento Integrista de Lenguas hubiera recibido una calurosa acogida si hubiera confesado que “impongo el TIL para que los jóvenes de Mallorca no acaben como yo, ni los de Menorca como la consellera”. Cunde la sospecha de que los catastróficos resultados de la comunidad en el informe Pisa/Trepitja se obtienen encuestando al farmacéutico más rico de la región. Metido a higienista de símbolos, esta semana ha acuñado el vocablo “minimidez”, de significado ignoto y surgido probablemente de su tercer hemisferio cerebral, donde almacena el patriotismo marcial. Tras innovar, no dio marcha atrás para corregirse, porque jamás admite un error. Por tanto, la traducción de la palabra por “memez”, “timidez”, “minimizar” o “minipimer” queda a gusto del lector. Al president tampoco le importa demasiado, siempre que te envuelvas en la rojigualda.

    Me cuesta recordar de qué escribíamos cuando Bauzá no nos suministraba un chiste semanal, con su torpeza excelentemente remunerada. La “minimidez” no sólo refuerza un fervor por el ridículo casi daliniano, demuestra que el desprecio hacia la educación no distingue de idiomas concretos, contra el extendido bulo de que quien odia un idioma, domina el otro. Cuando el president escucha la palabra cultura, echa mano de su farmacia.

    Bauzá ha de ser analizado por la elocuente “minimidez” que alfombra su discurso, por su desprecio absoluto hacia cualquier expresión que no acabe con los vivas de ordenanza. Tal vez no sea demasiado tarde para disculparse ante Cañellas, Matas y Antich, cuyas limitaciones oratorias hemos criticado acerbamente sin imaginar que apenas servirían de prólogo al maestro de la incomprensión de textos. O quizás el farmacéutico actúa adrede, para escenificar su desprecio. En tal caso, cabe recordarle que, cuando visita un país extranjero como Balears, es una buena regla no insultar a su ciudadanos. Y si cree que tiene que hacerlo, no más de una vez. O “minimidez”, que significa lo mismo.

     

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