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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 02
    Abril
    2014

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    La lechera hotelera

    Cada año por estas fechas, un tropel de expertos descubre que en el verano inminente vendrán turistas a Mallorca. Expanden por ferias y congresos tan sensacional noticia, no quiero ni imaginar su énfasis cuando se enteren de que estamos rodeados de agua por todas partes, o de que el Sol saldrá mañana probablemente por Levante. La extraordinaria difusión de la revelación turística no corrobora la importancia del dato, sino las secuelas de una isla que cada diez años renueva íntegramente su población. Sorpresa de sorpresas, también tenemos un castillo redondo.

    El negocio turístico, que asombra a los advenedizos, subsiste gracias a los pedazos de Mallorca que las protestas ecologistas arrancaron de las garras de los hoteleros. Estos intrépidos empresarios no solo inventaron el Sol y la playa, sino que también los colocaron en los puntos idóneos. A cambio, eran genéticamente reacios a la euforia vaticinadora. Sin embargo, en las últimas ediciones se han sumado al cuento de la lechera. Los empresarios del todo incluido son capaces de calcular los 18 millones de turistas que vendrán en 2018, equivocándose a lo sumo en 23 alemanes. Por esas fechas contaremos con las atracciones adicionales de las plataformas petrolíferas, la basura importada de Europa y el siempre inacabado palacio de Congresos.

    Este exceso de optimismo amosca a los isleños, tan escépticos frente a las predicciones. Por no ceñirse al rusticismo autóctono, el psicólogo Daniel Kahneman conquistó el Nobel de Economía gracias a su recomendación de que "hay que pensar en maneras en que el plan puede estropearse". Nunca se había hablado de una burbuja turística, porque la moderación imperaba en las previsiones y cada nubarrón adquiría proporciones de tragedia. El turismo de masas es un milagro, y nunca pensamos que llegaría el día en que añoraríamos a aquellos hoteleros que lloraban profesiolnalmente, siempre quejosos desde su flamante Mercedes de que la temporada no era tan buena como parecía. El pesimismo empieza mal, el optimismo acaba peor.

     

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