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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 26
    Abril
    2013

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    La infanta, secuestrada

    El escándalo de corrupción en que está imputada la Infanta Cristina no da tregua. En el penúltimo capítulo, un notario sensible ha conmocionado a España al relatar las “dudas” que le asaltaron a la hija del Rey antes de firmar la compra por seis millones de euros de una mansión en Pedralbes, que reformó con tres millones adicionales. En cambio, el malvado Urdangarin estampó su rúbrica sin pestañear. La sensacional revelación conlleva un giro espectacular del caso. Ella no quería. Criada en un palacio, el palacete le parecía insultante para su abolengo. Fue secuestrada y recluida en una jaula dorada, como una princesa saudí. Olvidemos los millones de fondos públicos saqueados, aquí se ventila un asunto de Derechos Humanos, violados flagrantemente en la persona de una Infanta obligada a vivir en un Guantánamo de nueve millones de euros. Y frente a este drama real, hemos de aguantar los quejidos de los desahuciados.


    Las “dudas” de la Infanta sorprenden adicionalmente en una alto cargo –dado su sueldo– de una entidad financiera, la misma que le otorgó una cifra injustificable del dinero de sus depositantes sin más aval que su apellido. Las vacilaciones de la hija del Rey secuestrada en el palacete son esgrimidas como eximente por sus defensores, pero funcionan como un bumerán. Si Cristina de Borbón dudaba, es porque conocía perfectamente los riesgos. Aun así firmó por delante de su esposo, con lo cual asumía las consecuencias que se derivaran de su comportamiento. Otro motivo para interrogarla como pretende el juez.


    ¿Si firmo una columna con “dudas” quedo exento de responsabilidad? En nuestra ignorancia, pensábamos que la función notarial conllevaba la obligación de disipar las prevenciones o de impedir que se sustanciara un acto sin garantías. El raptus de lucidez de la Infanta que titubea ante su secuestro en un palacete debe extenderse a los restantes manejos de su marido y, en consonancia con el título que le otorga su defensa, obliga a llamarla S.A.R. (Sólo Aceptó Resignada) Doña Cristina.

     

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