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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 26
    Junio
    2012

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    La crisis me ha moderado

    La moderación es una virtud de la que a menudo no soy acusado. Acostumbrado a encabezar en solitario la carrera de la ira, imaginen mi perplejidad al contemplar cómo me adelantan millones de damnificados. La crisis económica y su reparto han desatado la irritación hasta extremos combustibles. En los últimos tiempos, redoblo mis esfuerzos para mantener el ritmo del desánimo colectivo. Corrijo comportamientos al borde del estallido, aborto denuncias, qué tiempos aquellos en que bastaba con esgrimir la ironía para distinguirse de la masa amorfa. Parece mentira que los denunciantes de la estafa de las participaciones preferentes sean las mismas personas dóciles que compraron las preferentes susodichas, aunque ahora en llamas.


    No puedo quejarme de mi esmerada formación profesional. Un periodista es un artesano acostumbrado a anunciar el apocalipsis, pero no estamos tan habituados a que el vaticinio sea cierto, ni a que el público demande emociones más contundentes que un simple fin del mundo. Por primera vez, me dedico a calmar a la gente, a templar ánimos, a enumerar los límites en la culpabilización de los banqueros. Preparo el cursillo Cuánto hay que odiar a Rato, con las reglas de etiqueta indispensables para preservar a un número consistente de bípedos sobre el planeta.


    La crisis me ha moderado, pero la diferencia entre periodistas y políticos sigue siendo que los segundos no perciben aún en todo su esplendor el odio de las masas, véase Carlos Dívar. No escribo únicamente para ganarme la aprobación de los enfurecidos. Algunos de ellos han desarrollado una adicción, están enfermos de crisis. En los casos más agudos, desean que perduren las tribulaciones para mantener encendido el estado de indignación que les ha reconciliado con su naturaleza más humana. Al fin y al cabo, la rabia por quedarse sin vacaciones es preferible a la tortura de disfrutarlas. Además, los indicadores económicos avalan cualquier deflagración, pero voy a moderarme, no quiero torpedear tan pronto mi nueva imagen.

     

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