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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 15
    Octubre
    2014

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    La corrupción no se jubila

    La estupenda periodista alemana me saluda con un cortés:

    ­–Ustedes los mallorquines tienen la experiencia de la corrupción.

    –La experiencia no, la costumbre.

    Le hago esta precisión porque un hábito es más difícil de erradicar que una deuda. En la prehistoria del Túnel de Sóller y del caso Calvià bromeábamos que en Mallorca no había solo dos casos de corrupción, sino que se habían extraído dos manzanas del saco y ambas estaban podridas. Estadísticamente, cabía imaginar que hubiera más frutas en mala condición. O todas, en alguna fase de nuestra historia cercana. La persecución sistemática de los corruptos mallorquines comienza a finales de 2006, con el encarcelamiento del alcalde de Andratx. El brillante trabajo judicial permite proclamar al Govern Matas como el más corrupto de la historia de España. El Govern Antich ocupa el segundo lugar, con dos consellers encarcelados en la actualidad.

    Hace más de tres años que se canceló el segundo de los ejecutivos autónomos citados. Ninguna instrucción judicial aborda escándalos correspondientes al idílico periodo vigente. La corrupción mallorquina se extinguió milagrosamente en 2011. Esta teoría no solo contradice la pervivencia de las tradiciones. El álbum de protagonistas de la actualidad viene dominado por las mismas personas que tan engorrosa participación tuvieron en el Govern del PP. Para neutralizar su sospechosa continuidad, insisten convulsos en que les pidamos perdón cada vez que logran el apoyo garantizado del Tribunal Superior.

    La corrupción no se jubila. La pretensión de un escarmiento que disuade a la población entera de criminales no posee correlato en la evolución temporal de delitos menos dañinos. El dinero sigue ahí, los escalones intermedios que allanaron el camino al expolio siguen ahí, los políticos ávidos de enriquecerse siguen ahí. Nada ha cambiado, salvo la apreciable diferencia de que nadie está mirando. Ya cometimos este error en décadas pretéritas, con el humillante balance de sobras conocido.

     

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