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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 21
    Agosto
    2012

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    Isern se mete en un jardín

    La actualidad duerme, por lo que hemos de agradecer la pugnacidad de Cort para amenizarnos el verano. En un silogismo irrefutable, el ayuntamiento palmesano parte de las premisas de que las zonas verdes requieren mantenimiento, y de que no hay dinero para mantenimiento. La conclusión es suprimir las escasas superficies ajardinadas de la ciudad, retirando setos y demás excesos vegetales. De momento, no se aplicará el mismo criterio erradicador a los palmesanos con apariencia humana, pese a que comparten las exigencias de conservación que en los jardines ya no nos podemos permitir.
    A continuación voy a piropear a Mateo Isern, porque el salvajismo amputador lo emparenta con su admirado George Bush. El inolvidable presidente americano propuso que se intensificara la tala de bosques, para evitar los incendios forestales. Cort y la Casa Blanca propugnan métodos radicales, que sólo indirectamente coinciden con su agenda urbanizadora. El ayuntamiento no debe limitarse a un tímido recorte de setos. El silogismo siguiente conduce a una propuesta en firme de demolición del castillo de Bellver y liquidación de la engorrosa zona verde subyacente, por su elevado coste de mantenimiento.
    Isern y Bush comparten un curioso mecanismo mental. Sus artificios lógicos conducen paulatinamente a la urbanización total, para lamentar a continuación los efectos secundarios. Una propuesta imaginativa sería sugerir a los vecinos que se hicieran cargo del cuidado más elemental de los setos que han perdido, pero aquí no hay negocio. Cort desenmascara su pretensión de limitarse a recaudar para otorgar servicios que siempre recaen en entidades tan próximas como estériles. Ahora les recorta el trabajo que no hacen. Y sí, reduciendo la dimensión desaforada de Palma a la mitad, también diminuirían los costes de mantenimiento. Salvo que eso deberían haberlo previsto los genios urbanizadores para quienes trabajaba Isern, antes de darse cuenta de que su ciudad es demasiado grande.

     

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