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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 06
    Marzo
    2012

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    Hay que entrar en la calle

    En las últimas elecciones municipales y generales, la izquierda decidió quedarse en la calle. La opción por la intemperie se debió a que no advertía suficientes diferencias entre las propuestas de PP y PSOE, el tiempo le ha colmado de razones. Hegemónicos en las instituciones, los populares quieren ahora silenciar y limpiar las arterias urbanas de los siempre engorrosos manifestantes. Esperanza Aguirre ha versionado el gran éxito “La calle es mía”, de Fraga. Las vías públicas –el nombre lo dice todo– no son innobles como pretende la presidenta de Madrid, adicta al coche oficial. La calle es la heredera fluida del ágora griega, embrión de la democracia y culminación solar de la ciudadanía. Con todo, cabe comprender que gobernantes como Aguirre prefieran las decisiones tomadas en las habitaciones llenas de humo, contra las que lucha el periodismo en la fenomenal definición de Ben Bradlee.
    Hay que entrar en la calle donde, pese a la propaganda del PP, se hallan precisamente quienes huyen del PSOE que les decepcionó. Así se demostró en el 15-M, fatídico para los socialistas. El problema para los políticos profesionales radica en que los concurridos foros callejeros poseen un nivel de debate muy por encima de la jarana parlamentaria, y a mucho mejor precio. Aguirre actúa en defensa de una casta, cuya mediocridad se hará irresistible a la desinfectante luz del sol.
    El PP protector previene contra los excesos de la calle. Sin embargo, las estadísticas de la inseguridad ciudadana confirman que el mayor número de homicidios –por apuntar un delito a la altura de las preocupaciones conservadoras– se registran bajo techado. Y lo mismo ocurre con la pecaminosa actividad sexual, pese a la tendencia igualatoria al aire libre. La calle debe preservar la humildad, y no empuñar sus números como ariete frente a los oteadores entre visillos. La futura liza política se librará entre el partido del sofá, término acuñado por los revolucionarios egipcios, y los ciudadanos que entran en la calle. Entre la mayoría silenciosa y la silenciada.
     

     

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