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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 07
    Febrero
    2012

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    Ensañarse con los banqueros

    Prosigue el ensañamiento con los banqueros. La brutalidad corre ahora  a cargo de un Gobierno que alardea de populismo para imponer un techo salarial de 600 mil miserables euros –cien millones de las nostálgicas pesetas– a los directivos de entidades con ayudas públicas, que pronto serán todas. En cambio, no se aplica una medida correctora similar a profesionales que también gozan de aportes estatales. ¿Por qué un camarero puede ganar impunemente más de 600 mil euros o incluso más de un millón, cuando recibe propinas de funcionarios estatales que yo lo he visto?
    El arbitrario tope salarial coloca en una situación de indefensión a una profesión nobilísima. Sus practicantes han desplegado esfuerzos hercúleos para hundir a colosos financieros de billones de euros. Los ingresos millonarios están en consonancia con sus desvelos. En un inaceptable agravio comparativo, el Gobierno no recortó el salario mínimo, sino que se limitó a congelarlo en 640 euros. Los perceptores de esta cantidad acabarán por igualar en remuneración a los ejecutivos bancarios, así que pasen unos miles de años. Ignominioso.
    La atonía que insufla una remuneración insuficiente dañará al conjunto de la economía. El Gobierno ha atendido a la dictadura de la opinión pública para cebarse con los banqueros, cuando el liberalismo inspira medidas de corte opuesta. La auténtica reactivación consiste en obligar a los trabajadores españoles a ganar seiscientos mil euros al año. Los indolentes que no alcancen esos emolumentos serán expulsados del país por falta de competitividad –o de productividad, o de ambas cosas–, y sustituidos por inmigrantes que garanticen el listón. El paro se solucionaría en un santiamén. No ignoro que este artículo será tachado de superfluo por la mayoría de mis lectores, con ingresos muy por encima de los sufridos banqueros. Sin embargo, de vez en cuando hemos de abandonar nuestro confortable pedestal para enarbolar la bandera de la equidad. Mañana podríamos ser nosotros los recortados a 600 mil euros al año.

     

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