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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 25
    Mayo
    2011

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    Elegancia a la mallorquina

    Publicado el 12 de mayo 2011

    En uno de mis paseos por Palma para reencontrarme con las clases medias o incluso trabajadoras, experimenté un sobresalto al mirar a una mujer. Por primera vez me fijé con más atención en su ropa que en su cuerpo. En un primer análisis de emergencia, atribuí el error a alguna perversión deficientemente tratada. Después de la oportuna reflexión, tuve que concluir que la elegancia de las mallorquinas –porque ha habido numerosas recidivas tras la experiencia iniciática– suplantaba incluso a su belleza, hasta el punto de que era perceptible para un varón descendido del mono en fecha muy reciente.


    La elegancia profesional se reservaba hasta ahora para regiones de clima inhóspito. Nadie olvida el shock al aterrizar en París, donde todas las mujeres parecen salidas de los escaparates, y no sólo porque el continente mejora notablemente al contenido. Se acabó la exclusividad, las calles de Mallorca demuestran que la escasa competitividad reprochada a los mediterráneos excluye a la mujer de la especie. Por la influencia del mar, la distinción aquí conseguida es décontractée o laid back, ni atiende a las pasiones que desata ni se propone como sucedáneo de una languideciente vida interior. Poniendo a Clark Gable del revés, a las elegantes les importa un comino, francamente.


    La moda es supremamente aburrida, salvo que lleve una mujer dentro. En la redecoración callejera que ha experimentado Mallorca, se combinan una perfecta administración del presupuesto con una reivindicación del matriarcado que nunca nos abandonó. Para rematar su desafío, triunfan con elecciones tan desafortunadas y desafiantes como las botas de siete leguas por encima de las rodillas. Contra la sospecha de adulterio, ahora sabemos que dedicaban a sí mismas el tiempo que les reclamábamos los mallorquines, tan faltos de cariño. Los varones locales no dan la talla, y el talle de las elegantes damas viene ceñido con frecuencia creciente por suecos átonos pero con la altura exacta para combinar. Siempre nos quedará el fútbol.

     

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