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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 05
    Mayo
    2014

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    El privado Urdangarin

    Esta semana se ha prodigado el titular "El Rey recorre 50 mil kilómetros buscando contratos por el Golfo", donde La Zarzuela debería aclarar que el enunciado no contiene mención explícita o subliminal a Urdangarin. Los correos del Duque de Palma, tildados erróneamente de "privados", demuestran que ingresar en la Familia Real requiere menos atributos que entrar en un McDonald´s, a comer. El consenso nacional de que los hijos de los Reyes pueden casarse con cualquiera, incluía la cláusula de que los advenedizos se adaptarían a las exigencias de su nueva condición. A la postre, el palacio habrá sido una maldición para los tres intrusos plebeyos.

    Una jueza de Barcelona recrimina ahora a Urdangarin su falta de "celo o cuidado", al remitir "correos impropios de su cargo y la posición institucional que ocupa". El rapapolvo al mediocre demandante, que pretendía blindar el acceso a sus escritos de "Duque EmPalmado", destapa el cóctel explosivo de las escasas luces con la invulnerabilidad que La Zarzuela contagia a sus residentes. Conviene remarcar que la defensa de la libertad de información ha correspondido a la siempre conservadora estructura judicial, porque la genuflexa prensa madrileña estaba dispuesta a ocultar toda comunicación nociva para el yerno del Rey.

    Se alcanza así la paradoja de que un juzgado no se opone a la divulgación de unos correos que los medios han escamoteado. Las amorcilladas asociaciones de la prensa velan por un personaje que todo lo ha perdido, empezando por el honor. Simultáneamente, se exhibe en la picota a ciudadanos anónimos involucrados en accidentes de tráfico o delitos de poca monta. Urdangarin ha fracasado por fortuna en sus pretensiones imperiales, pero su delirio demuestra colateralmente que el periodismo ha abdicado de la libertad de información, que considera una herramienta demasiado recia para aplicarla en su trabajo. Por fortuna, los correos privados de decencia sirven a los jueces para recordar que sigue vigente la posibilidad de denunciar los atropellos de los privados de palacio.

     

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