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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 20
    Septiembre
    2012

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    El pirómano de Sóller

    El pirómano de Sóller ha dañado la integridad del alcalde de dicho municipio al quemar su coche. Sin embargo, este ciudadano chamusca con más intensidad las causas económicas y sociales de las que se erige en espontáneo portaestandarte, durante su confesión y confusión de los hechos. La dura experiencia española con la violencia ha desarrollado el grotesco género periodístico de los diálogos con sus practicantes, bajo el epígrafe “El Gobierno exige a los violentos”, equivalente a “El Gobierno exige a las cabras”. Es preferible reservar la palabra para quienes sólo utilizan esta arma, con objeto de recordar que hay un argumento más poderoso que los discursos morales contra los fuegos de artificio provocados. Su esterilidad, también sobradamente probada en la historia reciente.
    En su condición de adulto de indudables mañas incendiarias, el pirómano de Sóller se representa a sí mismo. Con todo, los espectadores sin soplete estamos obligados a recordar que la resistencia pasiva es mucho más activa que la labor de los dinamiteros. Eso sí, el repertorio de medidas de la desobediencia civil exige un coraje difícil de encontrar, en quien se aproxima a la realidad circundante con la intención de quemarla. Sin olvidar que los violentos y pirómanos suelen arrepentirse cuando han cumplido su ciclo, y los ignífugos hemos de soportar su evolución mística.
    La conducta del pirómano será encasillada por un juez, pero Carlos Simarro ocupa un cargo público. Como víctima de un ataque planificado en su propiedad, hemos de aceptar su implicación emocional. Ahora bien, por muy afectado que se encuentre, extraña el énfasis del primer edil por proclamarse el objetivo de un complot universal, tesis que perjudica ante todo a su municipio. Por mucho que les moleste a ambos, el pirómano está representado por el alcalde de Sóller. Son vecinos, y a uno de ellos le alcanza una mayor responsabilidad para evitar que el pueblo siga torturado por el fuego. Nos resguardaremos de las llamas bajo un titular que ya hemos utilizado. Los políticos no se tocan, nene.

     

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