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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 17
    Junio
    2011

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    El 15-M y los defraudadores

    Supongamos que un militante del 15-M es menos respetuoso con la ley que un defraudador fiscal de mil millones de euros, por citar el último caso investigado por la Audiencia Nacional. Admitamos incluso que un militante del 15-M es más antisistema que un director del Fondo Monetario Internacional, que carga tres mil dólares por noche en su suite de hotel. La aceptación de los predicados anteriores no nos libera de preguntarnos qué cosa sea "un militante del 15-M", porque esa fecha carece de militancia o de listas de afiliados. Si las convocatorias se vaciaran mañana, nadie reclamaría por incumplimiento de contrato. Contra los profesionales de denunciarlos, esgrimen la gratuidad inasible, aunque sea mediante el argumento cínico de que el paro deja mucho tiempo libre, y de que una hipoteca más es un nihilista menos.


    Se pretende encasillar un fenómeno inasible, porque los versos sólo son poesía y nadie considera realista a Espriu cuando aconseja en Pell de brau que "No esperis mai/ deixar record/ car ets tan sols/ el més humil/ del servidors". Quizás el 15-M pueda atraparse fugazmente si se relega a las personas y se empieza por los datos. La defraudación hasta ahora impune de mil millones de euros en un paraíso fiscal escandaliza a un porcentaje creciente de la población, sin necesidad de alinearse ni de compartir otras creencias con quienes se asombran como ellos. La historia demuestra que un porcentaje notable de Indignados votarán al PP, o cómo se llame en 2050.


    Después de criticar durante décadas el pasotismo ciudadano, ahora resulta que la juventud participa demasiado. El 15-M se esfumará en cuanto enarbole una bandera identificable o asuste a sus partidarios. Quienes satanizan el movimiento esperan que su dilución legitime simétricamente el fraude a gran escala o el derroche escandaloso. Por ejemplo, la ultraderecha aspira a la inutilización de los parlamentos autonómicos –una prédica diaria en numerosos medios estatales–, los Indignados sólo quieren que funcionen. Los políticos desean situarse en el centro, pero ya no queda.

     

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