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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 07
    Abril
    2014

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    Curas con el mazo dando

    Un párroco de Mallorca la emprende a guantazos con un canónigo en plena calle, porque el agredido le ha mirado mal. Dios es amor, que diría Rouco Varela, y con el mazo dando. El trasfondo de los golpes es el sexo, que los sacerdotes tienen prohibido pero que, al parecer, les ocupa con más frecuencia y apetito que a los laicos. El altercado transcurre en el ascético periodo cuaresmal, y su iniciador reivindica por hombría la actuación violenta a dos mejillas. Nos obliga a plantear si en el fragmento bíblico “id y predicad” se omitieron los métodos violentos de propagación de la buena nueva. Sostener que las bofetadas eclesiales dibujan una anécdota puntual, equivale a decir que la bomba atómica no es alarmante porque solo ha sido utilizada dos veces.

    Si el encuentro boxístico causa cierta perplejidad, la reacción del omnipotente episcopado de Mallorca conduce a la estupefacción. El obispo a estrenar reclama silencio para salvaguardar “la buena fama”, como si quedara un átomo de prestigio tras los golpes en plena vía pública. Es decir, los sacerdotes de la diócesis pueden pegarse pero no deben hablar, para “detener el escándalo”. De nuevo, no se amenaza a los curas karatecas, sino a quienes tengan la desfachatez de predicar. Si tienen algo que comentar, que la emprendan a tortazos. Ni mención del escándalo sexual subyacente, que investiga un juzgado. Ahora entendemos las encendidas defensas de sus colegas al párroco de Can Picafort, destituido por presuntos abusos sexuales.

    Si no piensa actuar en contra de la extraña técnica de resolución de conflictos entre un párroco y un canónigo, el obispado debería regular cuando menos las condiciones en que sus sacerdotes han de ejercer la violencia, para mejorar la calidad del espectáculo. Por ejemplo, se debería recomendar a los capellanes que porten armas, para atacar y defenderse con garantías de éxito. Y por supuesto, los guantazos no deben circunscribirse a otros curas. Hay feligreses levantiscos que están pidiendo a gritos una intervención física. La paliza es el mensaje. Evangélico, en este caso.

     

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