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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 25
    Mayo
    2011

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    Cuándo protestaremos

    Publicado el 20 de mayo de 2011

    Tal vez algún lector pueda indicarme cuál es la diferencia exacta entre los tiqueteros del Paseo Marítimo palmesano que impiden recorrerlo en paz con la connivencia de Cort, y las compañías telefónicas que asaltan a los clientes en la intimidad de sus domicilios. Su objetivo es mentirles con ofertas engañosas que permitan pagar los pluses de sus directivos. Interrumpen la convivencia a cualquier hora, sin respetar sábados ni domingos. Son los mismos a quienes no hay forma de localizar cuando quieres darte de baja. Si le planteas a un político esta violación contractual, te anunciará un plan para redactar una ley, cuando esa agresión debería frenarse de inmediato.


    Compro entradas teatrales por internet. La entidad financiera intermediaria cobra un diez por ciento por el servicio, lo cual es como mínimo una estafa. Se lleva tres euros por cada localidad de un espectáculo con el que no tiene nada que ver. La operación electrónica ni siquiera te da derecho al acceso al teatro, a diferencia de las tarjetas de embarque electrónicas en una actividad aérea de más riesgo. Te dirigen a un cajero para obtener las entradas. Si lo intentas, verás que tres de cada cuatro cajeros rechazan la operación. Si piensas que el teléfono de atención al cliente sirve de algo –como el de tu tarjeta de crédito–, prueba a utilizarlo. Se ríen de ti, al diez por ciento.


    He hecho frecuente publicidad gratuita del privilegiado Bar Bosch, sin dejar de pagar allí ni un palillo –desgraciadamente, los periodistas hemos de precisar estos extremos–. Me siento en la terraza, pido una doble consumición y, una vez que el establecimiento ya ha hecho el negocio, me dicen que me cambie de sitio. No me ha ocurrido en ninguna ciudad del mundo, nunca pensé que me sucediera en la mía. Anulo la comanda y me despido para siempre. No me necesitan para su floreciente negocio, y siempre habrá terrazas palmesanas que me prohíjen con buenos modos. Por ejemplo la del Bar Marítimo, donde me sonríen a los horarios más intempestivos. Los negocios citados en este artículo figuran entre los más boyantes de España.

     

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