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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 17
    Marzo
    2014

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    Crimea, a vista de Mallorca

    Me cuentan que el mundo vive en vilo por la adjudicación de un apéndice continental de clima privilegiado, con más vacaciones que vocaciones y una población de aluvión que ha trasnochado el concepto de indígena. Me pregunto qué catástrofe se habrá desencadenado en Mallorca durante mi última siesta, pero me tranquilizan con la disputa de Crimea, que también cuelga de Europa como el racimo apetecible al que aspiran todas las zorras. No se debería bromear con los acontecimientos que han desencadenado el primer fin del mundo de este mes de marzo, pero la disputa en curso cumplimenta una de mis asociaciones de ideas. Nunca he podido contemplar un mapa del sur de Europa sin centrarme en Mallorca mientras miraba de reojo la península ucraniana, o exucraniana, o exsoviética, o neorrusa.

    Mallorca y Crimea son regiones que todo el mundo recuerda pero nadie se toma en serio, porque siempre desdeñamos los lugares destinados profesionalmente a nuestra felicidad. El primer rasgo fraternal se ofrece desde la morfología, pues ambas geografías de diseño comparten el perfil de un murciélago desplegado. Se asemejan incluso en la antena peninsular desplegada, que aquí llamamos Formentor y allí es Kerch. Además de las costas escarpadas, bordeadas por una cordillera autóctona. Basta de folklorismos, ya sabe por qué los veraneantes rusos no notarán la diferencia.

    Mallorca es un protectorado alemán. Toleramos que alguno de sus habitantes se sienta español, pero no después de colocarlo ante la evidencia de los paneles de salidas y llegadas de Son Sant Joan. Los colonizadores de Crimea son los rusos, tan imperialistas como Berlín. Si Merkel decidiera ejecutar los derechos catastrales que ya posee sobre la isla, se produciría la misma escisión que en Crimea, con mi voto decidido a favor de un pasaporte germano que me permitiría lapidar a los dilapidadores madrileños. Mallorca y Crimea, tierras de nadie abiertas a los crímenes ociosos. Cómo no admirarse de que la condición de aborígenes nos hermane a los tártaros.

     

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