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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 22
    Febrero
    2013

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    Carlyle era así, Orrorizonia

    En un artículo incomprendido de esta serie, ya alertamos contra los riesgos de homogeneizar las marcas comerciales con sufijos en –ia o –alia, véanse los fiascos de Bankia o Dexia. Cuando supimos que Glob-alia compraba a Orizon-ia, el desastre estaba servido. La historia vuelve a respaldarnos, aplazamos la remodelación de esta sección en Al Azaria o Al Azaralia, que sólo aceleraría su extinción. En cuanto al conglomerado turístico, no cayó ayer, sino en el preciso instante de su venta a Carlyle. Celebro que los trabajadores de la empresa representen en sus protestas al gigantesco fondo de ponzoña financiera con las divisas de la piratería, pero les reservamos una sorpresa, porque Carlyle no ha empeorado. Siempre fue así. Está en su naturaleza, como afirmaba el escorpión. Incluso había libros previos a la compraventa que detallaban sus manejos, como The iron triangle.


    De hecho, algunas plumas temerarias anunciamos/denunciamos la entrega del imperio viajero de Fluxá a un conglomerado enfangado en la guerra de Irak y que vive del tráfico de influencias de Bush padre, el primer ministro John Major, el círculo íntimo de Donald Rumsfeld, la familia Bin Laden y la dinastía saudí. En aquel momento de euforia, la advertencia fue acusada del crimen más execrable, un atentado contra la economía mallorquina que es la única religión verdadera de la isla.


    Tras la venta a Carlyle se precipitan los acontecimientos. Fluxá construye Son Espases con el dinero que gana y entrega a Florentino, y los buitres financieros hunden la empresa tras exprimirla. Hoy no podemos pagar el hospital mallorquín, y acogemos a los trabajadores tan parados como desamparados por el célebre apellido local y sus ejecutivos de opípara remuneración. Todo legal, amén de un excelente ejemplo de responsabilidad social corporativa. Para cumplir con los dictados publicitarios terminados en -ia y con su actual marasmo, el grupo en desguace puede rebautizarse Orrorizonia. Lo admirable no es que en todo desastre económico haya ganadores, sino que siempre sean los mismos.

     

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