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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 18
    Junio
    2014

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    Cárcel para huelguistas

    Nunca he hecho huelga, como buen conservador. Mi espíritu esquirol se sentiría violentado por la aparición de un piquete, según creo recordar que ocurrió en una ocasión. La incomodidad ascendería a irritación si los huelguistas rompieran una luna de mi coche, pero no creo que ni el calor del atropello me impulsara a solicitar cuatro años y medio de cárcel para mi agresor. Sin embargo, la fiscalía de Balears acaba de hacerlo en mi nombre, sobre las espaldas de Katiana Vicens, secretaria general de Comisiones Obreras. Ni siquiera está claro que rompiera el cristal de un autocar, y la denuncia que recibió solo afectaba a los daños al vehículo que finalmente salió a trabajar. Comparen el exceso de celo fiscal con la lenidad que el mismo ministerio público aplica a la feroz antisistema Esperanza Aguirre, que arrambló en su huida de la autoridad con una moto municipal. La presidenta del PP madrileño todavía no ha sido requerida para dar explicaciones de un suceso que se saldará con una simple multa.

    Nunca he pertenecido a un sindicato de clase, como buen burgués. El sindicalismo es la política sin morbo, pero la desproporción de la fiscalía ejerce la función evidente de atemorizar y amedrentar a quienes desean salir a la calle para protestar estérilmente contra la aristocracia financiera. El sobreentendido de que la petición de pena a Vicens será rebajada por los tribunales no alivia sino que agrava la petición abusiva del ministerio público, que no se atreve con Esperanza Aguirre ni con Cristina de Borbón. Y que nos debe una explicación.

    Nunca he ocupado un edificio oficial, como buen inmovilista. Sin embargo, se me erizaron los cabellos al contemplar cómo la fiscalía pedía 28 años de cárcel para los inconscientes que entraron en la feísima sede de la conselleria de Educación. Mi fijación con esa cifra se atribuyó a una obsesión, está claro que señala una tendencia. Como bien apuntaba Solzhenitsyn, la desproporción en el castigo no ahuyenta sino que aumenta los actos de protesta. Lo cual me preocupa pese a que nunca participaré en ellos, como buen cobarde.

     

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