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Blog Al azar - Matías Vallés

Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 18
    Agosto
    2014

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    Alquilar la propia casa

    Se empieza vendiendo el alma, y se acaba alquilando la propia casa a los bárbaros del Norte. La proliferación de este fenómeno se examina en Mallorca desde la perspectiva única de su perjuicio para los sacrosantos hoteleros, sin reparar en el mensaje que lanza sobre la situación económica de los nativos. La demanda turística irrefrenable siempre ha existido, pero la desesperación en auge obliga a un contingente en aumento de mallorquines a la entrega en teoría parcial de su vivienda, y solo porque saben que nadie se disputaría su cuerpo. La compra para alquiler o buy to let de segundas residencias no tiene nada que ver con la rendición de generaciones enteras que se obsesionaron hasta el sacrificio personal para disponer de un piso en propiedad, y ahora lo entregan a un pelotón de extranjeros ruidosos. No les queda más remedio que alquilar su propia vida, suerte que nos habíamos adentrado en la recuperación.

    La crisis económica consiste en la anulación de los vínculos afectivos en aras de la supervivencia. Una familia que monta y desmonta su casa en un emplazamiento cotizado para irse a vivir peor decreta el estado de necesidad, una corriente migratoria intrainsular. La prensa alemana se escandalizaba antaño a toda portada, "En las garras del marco alemán, ¿por qué los mallorquines venden su paraíso?" Con el suelo vendido y malgastado, hay que arrastrarse para rebañar las migajas. Al contabilizar los gastos y desgastes provocados por los inquilinos extraños, el alquiler ni siquiera es negocio. Solo es una necesidad.

    Nunca se había visto a tantos extranjeros despistados arrastrando una maleta por la Palma interior, en busca del piso o la habitación que han alquilado por internet. Su nomadismo desaloja a indígenas que renuncian al derecho de propiedad de su vivienda habitual, para embarcarse a su vez en una romería. Es una bella estampa sobre la pobreza solapada de una isla explotada por hoteleros que no solo extraen la riqueza de materiales que no les pertenecen, sino que la remesan a paraísos seguros. También ellos son inmigrantes, de lujo.


     

     

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