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Blog Al azar - Matías Vallés

Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 02
    Septiembre
    2013

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    Alemán para nativos

    Las muy vendidas publicaciones alemanas Bild y Stern han competido en fecha reciente por denigrar a la Mallorca fabricada por sus compatriotas. Regularmente, desembarca en la isla un explorador periodístico alemán, dispuesto a desentrañar los secretos de la isla. Llevo cinco en lo que va de año. Cada vez que me cito con uno de ellos, saco el disfraz de mallorquín consciente. Me pongo el hueso en la nariz y el taparrabos, simulo mordisquear el brazo de un compañero de redacción, nada agradece más un antropólogo que la colaboración entusiasta del aborigen que investiga. Profiero entonces la frase mil veces ensayada, “no quiero que los alemanes se integren ni me integren”. Les crujen las neuronas, impermeables al sacrilegio de la paradoja. A continuación, sentencio que “Mallorca es una Sicilia sin muertos”, pero lanzándole una mirada amenazadora, como si mi interlocutor corriera el riesgo de ser el debutante en la efusión de sangre.


    Fieles a su formulario, los antropólogos te solicitan la opinión pontifical sobre el Balneario 6, la catedral y demás geografías que nunca ha visitado un mallorquín consciente. Para salpimentar un poco sus reportajes, les anuncias con aire confidente que los picadores locales cortan un mechón de vello púbico –o un piercing genital en la versión moderna– de las alemanas que seducen. Esto les encanta. Los investigadores asienten, al haber descubierto por fin de qué les hablaba una lejana novia.


    Cada oleada de alemanes llega a Mallorca más despistada que la anterior, los protestantes son incapaces de aceptar una religión verdadera. Hemos de reconocer que se esfuerzan, a diferencia de los madrileños, y que inundan a los mallorquines a “¿Poggggquéee?” Como aborigen licenciado en antropólogos, llegué a convencerme de que carecen de sentido del humor. Tuve que modificar mi opinión cuando, tras reírme de un artículo del Bild, me reclamaron otro más extenso para publicarlo en sus páginas. Su problema consiste en su obsesión por entender la isla. Si fuera real, no sería Mallorca.

     

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