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Matías Vallés

Matías Vallés (Corea, 1958). Licenciado en Ciencias Químicas, con Premio Extraordinario. Profesor de Química-Física en la Universitat. Se formó periodísticamente vendiendo diarios en semáforos –frente a la Catedral–. Pese a sus primeras crónicas de baloncesto en ‘Diario de Mallorca’ (1983), se le pe...

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Este blog recopila todos los artículos que publico en Diario de Mallorca


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  • 25
    Mayo
    2011

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    15-M, al margen de la prensa

    Los anónimos promotores del 15-M no mendigaron la inserción de un comunicado en los diarios para aventar su convocatoria, según acostumbran las ONGs y las sociedades gastronómicas. Tampoco montaron una rueda de prensa con o sin preguntas, en la línea de los partidos políticos y de los festivales cinematográficos. Con el desdén supremo de la indiferencia, los periodistas fueron relegados al papel de observadores, sin que nadie los invitara con excesiva insistencia a la fiesta. El movimiento de los indignados ha dispensado a los medios todopoderosos el mismo tratamiento que a instituciones esotéricas del estilo de las Juntas Electorales. Como todo lo que se hace involuntariamente, ese aparcamiento no puede ser casual.


    El 15-M se extinguirá, como las restantes floraciones espontáneas y para alivio de las gentes de orden, pero sus efectos permanecerán tras su disolución, como la manoseada sonrisa del gato de Cheshire. Durante unos días cruciales, el principal interlocutor social ha carecido de rostro. En la mayoría de movimientos cuesta discernir quién hay detrás, aquí no se ha sabido quién había delante. La exigencia de anonimato casa mal con la individuación que exige la prensa, por lo que la imaginería de los indignados se resume en una vista general de la Plaza del Sol, indistinguible de Tahrir o de Piccadilly.


    Los partidos políticos tienden a succionar la actualidad, por lo que se erigen en destinatarios únicos de los dardos del 15-M. En realidad, el movimiento interroga con igual fuerza a los sindicatos, a los banqueros y a los periodistas. La prensa intenta acceder a las ágoras rehabilitadas sin transformar sus postulados, remedando los esfuerzos patéticos de Sartre cuando busca un hueco en las barricadas de mayo del 68. Los indignados han solidificado la precariedad. No tienen nada que perder, ni siquiera la razón. Su desafío pacífico no se arreglará rebajando dos puntos el IVA o eliminando el Senado, por citar una institución banal. Los cauces habituales tampoco servirán para contarlo.

     

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