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Blog A tiro - María Elena Vallés

María Elena Vallés

Periodista de Cultura en "Diario de Mallorca". Comencé en "El Mundo-El Día de Baleares" en la misma sección. He colaborado en algunas ocasiones en espacios culturales de IB3. Twitter: @ElenaValles

Sobre este blog de Cultura

Este blog es en principio un recopilatorio de los artículos de opinión y análisis sobre la actualidad cultural de la isla que se publican los domingos en "Diario de Mallorca" bajo el epígrafe "A tiro". En la medida de lo posible, se actualizará con más frecuencia.


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  • 20
    Enero
    2013

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    Un verano sin Sakamoto ni Franzen gracias al ayuntamiento de Pollença

    En España no se dimite. No hay costumbre, ¿para qué? Los gambazos se baten como un huevo, se digieren rápido y se olvidan. Y los errores se perpetúan. Cuando esos disparates suceden en la gestión pública de la Cultura, ya ni hablemos. Y si es en Mallorca, eleven el grado de gravedad al cubo. Porque, en serio, no tenemos ni idea. La palabra “paletos” se nos queda corta. Al menos a los responsables de Cultura del Ayuntamiento de Pollença, en concreto a la concejal Malena Estrany, que acaba de protagonizar el episodio cultural más negro —no exagero, lo de la revetlla de Palma se queda en chiste— de los últimos cinco años.


    Es estratosférico: por una parte, el consistorio informó erróneamente a la prensa sobre supuestas “anomalías” en la gestión de Joan Valent que se “escapan al control público”. Unas insinuaciones torticeras en tiempos de bárcenas y urdangarines: leer algo así a día de hoy en el periódico es un eufemismo de meter la mano en la caja. Una manera de condenarte a la ignominia. Al día siguiente sucedió lo esperable: donde dije digo, digo Diego. Hubo desmentido. Porque nada raro había en la gestión de Valent, únicamente al consistorio le extrañaba la creación de una asociación (el director artístico asegura que lo sabían porque incluso le obligaron a cambiarle el nombre) para percibir una ayuda privada que se destinó al festival. Un hecho increíble ese extrañamiento porque los políticos nos cacarean cada día que hay que conseguir mecenazgo privado, pero, mira, cuando se consigue, arrugan la nariz y se desorientan. ¿Nadie les ha enseñado que decir una cosa y luego hacer otra es señal de incompetencia?


    Tras el desmentido sobre las supuestas irregularidades del director, llegó una autojustificación chusca de Estrany para anunciar un concurso público con el fin de “regular” (¿cómo si ahora fuera irregular?) la contratación directa del director. Lo que yo vi en ese momento fue a un consistorio desagradecido e irresponsable allanando el camino para una privatización del festival, vi también a una institución municipal renunciando a sus competencias en cultura, incumpliendo su función pública. Aún no sabemos si la estrategia de Estrany era marcarse un punto en un consistorio en el que está sola en cuanto a partidos políticos. No sabemos tampoco si lo que deseaba era dejar su impronta o ponerse la medalla por su errático prurito fiscalizador o por ahorrarle cuatro duros al ayuntamiento con la privatización (al ciudadano ésta suele salirle cara al final, pues las empresas industrializan, comercializan y hacen bajar el nivel de cuanto tocan porque obtienen un beneficio, un enriquecimiento, entendemos). El caso es que Estrany metió la pata por desconocimiento. Y usó la cultura como arma política. El resultado final ha sido un desastre porque este verano quizá ya no vendrán ni el Nobel Mario Vargas Llosa, ni el compositor japonés Ryuichi Sakamoto, ni los escritores Jonathan Franzen, Ian McEwan o Jonathan Littell, todos ellos en negociaciones con Valent, un director sin interés crematístico que ha mostrado un total desprendimiento con el festival: no en balde invirtió dinero de sus propias cuentas en viajes y demás para negociar con los invitados y asegurar su participación en el ciclo. Todo hay que decirlo: su profesionalidad nos sorprendió a todos. Valent nos persuadió con su manera de trabajar y nos convenció en solo un año el estupendo proyecto con que renovó el festival. ¿Qué isla del tercer mundo es ésta en la que no se respeta y admira profundamente a un creador y gestor cultural —el caso de Valent— que gracias a sus milagrosos contactos trajo con tan sólo 150.000 euros a primeras filas mundiales como Donna Leon, Petros Márkaris, el recién oscarizado Ludovic Bource, Eduardo Mendoza, Giancarlo Di Cataldo, sir Norman Foster, Álex de la Iglesia, varias orquestas pujantes o a Michael Nyman? ¿Alguien puede imaginarse los ceros que tiene el caché del pianista británico? En serio que, de no conocerle Valent, lo más cerca que podríamos estar de él en esta isla es poniendo la banda sonora de El Piano en Spotify.


    Lo peor de todo es que el consistorio pollencí aún no se ha disculpado públicamente con Valent. Y cada día que pasa, más se acerca el olor a muerte del festival ¿Qué error habrá cometido el compositor mallorquín, no programar una cumbre de Eurofans, no participar del cutrerío generalizado en las instituciones públicas culturales? En esta historia alguien debería dimitir, pero ustedes ya lo saben: no sucederá.

     

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