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Blog A tiro - María Elena Vallés

María Elena Vallés

Periodista de Cultura en "Diario de Mallorca". Comencé en "El Mundo-El Día de Baleares" en la misma sección. He colaborado en algunas ocasiones en espacios culturales de IB3. Twitter: @ElenaValles

Sobre este blog de Cultura

Este blog es en principio un recopilatorio de los artículos de opinión y análisis sobre la actualidad cultural de la isla que se publican los domingos en "Diario de Mallorca" bajo el epígrafe "A tiro". En la medida de lo posible, se actualizará con más frecuencia.


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  • 21
    Diciembre
    2013

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    Sant Sebastià, sin pies ni cabeza

     

    Volvemos a lo de cada año. Resulta ya un tópico y un lugar común criticar el cartel de actos para las fiestas de Sant Sebastià. Una rutina asimilable a las críticas que derramamos anualmente sobre los especiales de Nochebuena y Nochevieja de este país. Y lo peor es que, por increíble que parezca, al final todo queda exactamente igual, perpetuándose el error, lo ridículo, lo grotesco.

     

    Pese a ello, y dejando de lado esta sana y a veces gozosa tendencia de los ciudadanos a buscar defectos, ineptitudes y meteduras de pata en los que nos administran, no hay que desistir en denunciar año tras año la descarnada realidad: estas fiestas no tienen ni pies ni cabeza y, examinando el cartel de la revetlla presentado el pasado miércoles, su oferta cultural va manifiestamente a la baja. En general, resulta mediocre y trasnochada la víspera de conciertos. Pero véase también la cartelera teatral municipal de la semana dedicada al patrón, a la que siempre van adosados artistas que responden a compromisos ideológicos y partidistas, además de espectáculos cuya inserción responde únicamente a rellenar huecos, a cubrir el expediente, a quitarse un marrón de encima. Con el recurrente y descuidado programa entre las manos, a uno le asalta una terrible impresión de rutina y decadencia, de dejadez municipal; en definitiva, falta de interés. La misma que comenzaron a demostrar los ciudadanos el año pasado, al menos durante el recorrido de la revetlla oficial. Nunca fue tan verdad aquello de que la participación ciudadana (no la que se refugia al abrigo de una concejalía) salvó el Sant Sebastià de 2013. Las fiestas alternativas de Ses Voltes y Sa Feixina (también la de Can Vinagre) estuvieron repletas de gente en comparación a los escenarios de la concejala Esperanza Crespí. Las crónicas destacaron al día siguiente lo sencillo que era desplazarse de una plaza a otra. Y más preocupante fue la facilidad para llegar hasta la primera fila de cualquier concierto. Eso nunca había pasado.

     

    Los que conocemos las actuales inercias políticas, sabíamos que nadie del equipo de gobierno de Cort iba a interpretar esta reacción ciudadana como algo positivo, como el escarmiento necesario para revisar de arriba a abajo un modelo obsoleto al que se le empieza a dar la espalda. Es más, empezamos a temernos lo peor: que alguna de esas revetllas alternativas y secundadas de manera natural por los ciudadanos (la competencia municipal, en definitiva) iba a toparse con problemas y prohibiciones administrativas al año siguiente. Y así ha sido. Según anuncian las trompetas de los despachos oficiales, Sa Feixina va encontrarse con serios impedimentos para montar su jarana. Esa fiesta está sentenciada, vamos. Este 2014 ya no la veremos.

     

    Si la tozudez municipal por la chapuza continúa y no se revisa el armazón identitario que debería sustentar Sant Sebastià, opto por laminarlas de cuajo del presupuesto. Sin unos principios rectores, basados en el criterio profesional, la inteligencia, la creatividad y la propia personalidad, sin una revisión de su historia y sin la confección de un proyecto con miga bien apuntalado, con especialistas culturales de la sociedad civil en cada una de las disciplinas en que se expresan estas fiestas, especialistas que podrían ejercer de directores de área (música, teatro, historia, patrimonio), sin ninguno de estos ingredientes, la coherencia y la revitalización de Sant Sebastià son imposibles. Si no se hace nada al respecto, jamás se romperá la rutina de críticas y se perpetuará -aún más- el error, lo ridículo y lo grotesco.

     

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