Blog 
A tiro
RSS - Blog de María Elena Vallés

El autor

Blog A tiro - María Elena Vallés

María Elena Vallés

Periodista de Cultura en "Diario de Mallorca". Comencé en "El Mundo-El Día de Baleares" en la misma sección. He colaborado en algunas ocasiones en espacios culturales de IB3. Twitter: @ElenaValles

Sobre este blog de Cultura

Este blog es en principio un recopilatorio de los artículos de opinión y análisis sobre la actualidad cultural de la isla que se publican los domingos en "Diario de Mallorca" bajo el epígrafe "A tiro". En la medida de lo posible, se actualizará con más frecuencia.


Archivo

  • 02
    Febrero
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    ¿Qué turismo cultural?

     

    Toda esta historia del turismo cultural empieza a dar mucha pereza. Hace dos años, el concejal de Cultura Fernando Gilet pronunciaba este cargante sintagma nominal en cada discurso o rueda de prensa que ofrecía. El turismo cultural caía como una losa sobre nuestros cuadernos y nuestras conciencias. Nos íbamos a dormir con turismo cultural. Nos lo desayunábamos. Nos lo encontrábamos por los pasillos. Estábamos desanimados. Cuando ya creíamos que habíamos conseguido erradicar la palabrita devolviéndole mohínes cada vez que la escuchábamos, resulta que el molt honorable José Ramón Bauzá la hace reverdecer en su boca. El desánimo y la pereza han regresado a nuestras vidas. A decir del president, que nos instruyó el pasado jueves durante el décimo aniversario de Es Baluard, “el turismo es cultura y la cultura es turismo”. Acabáramos. “Qué original, ha dado con la fórmula de la ambrosía”, pensamos muchos de los asistentes. Y salva de aplausos de la bancada popular, que se hizo ancha y abultada en el museo. Pero ninguna propuesta, ninguna reflexión, nada sensato que llevarse al oído acerca de lo que significa turismo cultural. Y mira que era fácil tirar de tópico efectivo cuando en una de las salas reposaba en las vitrinas parte del legado del Arxiduc Lluís Salvador. Por un momento deseé que Carme Riera se nos apareciera con su memorable discurso de ingreso a la Academia.


    En la bancada profesional, la que estaba ocupada por miembros del sector, asaltaron las preguntas y las preocupaciones ante las palabras de Bauzá: si el turismo es cultura y la cultura es turismo, ¿por qué no se trata con la misma atención, cuidado y esmero a hoteleros o touroperadores que a artistas o a instituciones culturales? ¿Por qué éstos son ignorados por sistema en los presupuestos y las políticas de la comunidad? ¿Por qué no se tiene en cuenta la opinión de todo el sector cuando el PP enarbola en cada inauguración artística el mantra turismo cultural?


    Precisamente, las palabras del president fueron como echar sal en la herida en aquel preciso instante y en aquel día: el 30 de enero de 2014. Horas antes de la fiesta en el museo, había tenido lugar, de parte del Ejecutivo, una mesa estratégica de arte contemporáneo y turismo “para definir el desarrollo del producto cultural y consensuar con el sector todas las acciones promocionales”. Sí, el propio Govern prometía en una nota que iba a consensuar con el sector las estrategias a aplicar. Sin embargo, ¿qué debate debió fraguarse cuando las ausencias en la mesa fueron más numerosas que las presencias? ¿A quién se le ocurrió invitar únicamente a los representantes de los galeristas, al gerente de la orquesta sinfónica y al director del Institut d’Estudis Baleàrics? ¿Suponen estos tres agentes, dos de ellos cargos de confianza política, una representación total del sector? ¿Dónde están las asociaciones ciudadanas sin ánimo de lucro? ¿Y los gestores de otros proyectos culturales públicos y privados? ¿Y los artistas? ¿Por qué no hay rastro de otras áreas culturales como las artes escénicas o la música, máxime cuando en la isla el binomio Mallorca Rocks-BCM es uno de los que más tirón tiene entre los turistas?


    En realidad, repito, toda esta historia del turismo cultural da mucha pereza. Es un concepto manoseado que parte de todo ese colesterol cultural tan aburrido de ciertas páginas web especializadas, másters en gestión de empresas culturales, marketing, blogtrips, etc. Mientras hablamos de él y engordamos la literatura sobre el tema, podríamos estar trabajando en los proyectos directamente. Forjando nuestra propia personalidad, que eso es lo que, en general, nos hace falta.


    Porque si uno quiere vender cultura, antes debe tener una identidad. Y la identidad se construye recuperando la memoria, preservándola, y no abriendo los mismos bares de tapas en cada esquina o no programando exactamente igual que en Madrid o Barcelona. Por eso –pienso–, lo más importante para la cultura es a su vez lo más importante para el turismo cultural. Es decir: invertir de verdad en la conservación y difusión de la memoria, y no saliendo a la palestra anunciando quimeras como una candidatura de Palma a Patrimonio de la Humanidad. A la Unesco no le venderemos humo. Es importante que no se nos olvide: la memoria donde mejor se conserva es en los archivos, museos y bibliotecas. Por eso hay que dotarlos dignamente. Cuando los políticos tengan claras estas prioridades, si quieren podemos sentarnos a hablar de turismo cultural.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook