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Blog A tiro - María Elena Vallés

María Elena Vallés

Periodista de Cultura en "Diario de Mallorca". Comencé en "El Mundo-El Día de Baleares" en la misma sección. He colaborado en algunas ocasiones en espacios culturales de IB3. Twitter: @ElenaValles

Sobre este blog de Cultura

Este blog es en principio un recopilatorio de los artículos de opinión y análisis sobre la actualidad cultural de la isla que se publican los domingos en "Diario de Mallorca" bajo el epígrafe "A tiro". En la medida de lo posible, se actualizará con más frecuencia.


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  • 28
    Diciembre
    2013

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    Los mejores también se quedan

     

    Hablando con varios mallorquines “repatriados” —en Navidad, o bien regresan para reparaciones emocionales con sus familias y puedes verles un rato tomando un café o bien te felicitan por WhaatsApp y la conversación se alarga—, me doy cuenta, gracias a sus relatos, de que quizá el peor mal de España no sea precisamente la fuga de cerebros. Para ellos, el problema, que lo tienen mayormente más analizado que cualquiera de nosotros, estriba en que la fuga de talentos made in Spain no sería un problema si a cambio atrajéramos talento de otros países. Algo que no sucede ni permitan que suceda. Hasta ahora, con las vacas gordas dando leche, había sido también bastante sencillo para un inmigrante cualificado encontrar un empleo de camarero. Pero jamás en una institución académica o en una entidad científica o en una gran fundación cultural. En España, los nombres de extranjeros sólo suenan con normalidad en el fútbol o en la arquitectura. En este último campo sirvió para posturear un crecimiento económico brillante, guay, cool, o como se llame en este instante, pero nada más: ese talento de premio Pritzker no se quedó a trabajar aquí, no enraizó, no provocó que sus métodos crecieran en nuestro suelo, no creó ninguna escuela ni ningún conocimiento rentable. No hubo retorno. Esas lujuriosas torres Agbar diseminadas por la península son sólo la mancha decorativa que dejó una gran fiesta en la que se derramaban los euros como champán. Porque luego nos iban a dejar solos y con la chequera haciendo aguas.

     

    ¿Saben?, esto es como cuando riegas mal y toda el agua se sale por fuera de la maceta para después desaparecer por el desagüe de la terraza. España es la maceta. Y la riegan los de siempre. Por eso es menos triste la fuga de cerebros que tener los cerebros en el desagüe. Y para compensar la desbandada, un avispado amigo científico me señala con su índice la solución después de pedirse otro café. El remedio que propone es el siguiente: ponerle a la contratación de cerebros cualificados extranjeros en nuestro país las mismas trabas que se le ponen a la contratación de futbolistas foráneos. Esto es, ninguna. Mientras las obligatorias homologaciones de títulos permanezcan (¿sabían que en España se tarda hasta tres años en conseguirlas, incluso proviniendo de universidades tan prestigiosas como Cambridge?) o los cuasi dadaístas requisitos para presentarse a las oposiciones continúen en pie, el flujo de talento seguirá siendo hacia fuera. Y España seguirá siendo un desagüe. Menos en el fútbol o en trabajos de baja cualificación, donde no hay que tener el cerebro homologado.


    Después del segundo café y el guasapeo navideño con mis amigos “repatriados”, pienso en que todos hablan parecido: en su corazón, la alegría de tener trabajo y de ser reconocidos fuera se mezcla con la incertidumbre por el país que dejan. Les comprendo. Sólo hay una cosa en que les enmiendo la plana: me refiero al tópico que repiten una y otra vez, ése de que los mejores ya están fuera. Y yo creo que eso no es exactamente así. Los talentos que se marchan son los que, además de ser lo suficientemente excelsos, pueden hacerlo porque ostentan empleos exportables, es decir, trabajos que manejan lenguajes universales como la ciencia, algunos tipos de música (otro tema son las dificultades intrínsecas de la industria) o la danza, por poner tres ejemplos. ¿En serio que son conservadores o poco audaces los mejores que usan la lengua del país y beben del ambiente en el que nacieron para desarrollar su profesión y que precisamente por ello no pueden hacer las maletas y escaparse? No sé, ¿algunos filósofos, muchos escritores, poetas, letristas, dramaturgos o humoristas que dan lo mejor de sí en un ambiente que dominan? ¿O simplemente ostentan profesiones o labores difícilmente exportables? Yo creo que los mejores también se quedan. Lo sé porque les conozco. Y ustedes también.

     

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