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Blog A tiro - María Elena Vallés

María Elena Vallés

Periodista de Cultura en "Diario de Mallorca". Comencé en "El Mundo-El Día de Baleares" en la misma sección. He colaborado en algunas ocasiones en espacios culturales de IB3. Twitter: @ElenaValles

Sobre este blog de Cultura

Este blog es en principio un recopilatorio de los artículos de opinión y análisis sobre la actualidad cultural de la isla que se publican los domingos en "Diario de Mallorca" bajo el epígrafe "A tiro". En la medida de lo posible, se actualizará con más frecuencia.


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  • 03
    Febrero
    2013

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    Leyes absurdas

    Todo emprendedor sabe que uno de sus principales enemigos son las normativas municipales. No sé si sobre esto habrán informado los consellers Bosch y Aguiló a los niños que están tomando las clasecitas sobre marketing y empresa comprendidas en un programa piloto de la comunidad balear que tiene como finalidad fomentar y potenciar de cara al futuro las capacidades empresariales de los estudiantes. No sé si a esos pequeños escolares –tan inocentes y fotografiados esta semana en la prensa– les habrán contado la verdad sobre nuestras ineficaces y absurdas preceptivas para montar un negocio en la ciudad. Lo difícil que nos lo ponen. Porque es una característica de las leyes actuales no responder a la realidad y a la cotidianidad de la gente, sino a un exceso higienizante de la vida pública y comercial, un exceso de celo (ojo, nadie está en contra de un control racional) que está impidiendo crear puestos de trabajo y actividad económica. Una verdad en la que habría que meter mano ya para que de verdad se apoye al que desea emprender algo. Porque yo me pregunto: ¿acaso no son leyes bizantinas aquellas que exigen que todos los toldos de una calle sean exactamente iguales? ¿De verdad que eso es lo importante o se esconde detrás de este tipo de actuaciones una justificación del estresante trabajo del político de turno, incapaz, y acaso cobarde, de entrar a degüello en cuestiones más necesarias como, por ejemplo, la implantación de una ecotasa por estos lares?

     
    Una de las salidas comerciales que en cualquier ciudad del mundo está funcionando ahora mismo a toda vela es la venta ambulante de comida. La cocinera mallorquina Maria Solivellas (Ca na Toneta) ha intentado implantar este sistema en Palma con una idea sencilla: disponer de una camioneta con lo necesario para servir una variedad de coques, sopes y brous, un concepto de comida rápida preparada con buen producto de temporada que habría introducido en la ciudad una nueva posibilidad de negocio además de responder a una demanda social, pues hay días en que apenas dedicamos tiempo a la comida. Pero no ha sido posible. Y así estamos: las calles palmesanas mueren de anorexia a golpe de ley absurda y restricción municipal. Este tipo de chiringuitos con ruedas son habituales en urbes efervescentes como Nueva York, Roma (qué envidia esas humeantes y primorosas camionetas con tripa en salsa) o Marrakech (y su imposible plaza Djemaa el Fna, declarada Patrimonio de la Humanidad). Fan ciutat. En torno a estos improvisados puestos (que no precisan de una inversión económica tan importante como la de todo un señor restaurante), puede arremolinarse una economía familiar y potenciarse la vida social en la calle, asimismo, sirven para dar difusión a nuestra propia gastronomía, que ni siquiera cuenta con una guía que funcione cual Biblia. Todo son bondades, pero nuestros legisladores sólo les ven pegas, inconvenientes, problemas. Y no, no aflojan. Y no escuchan a los   profesionales, y así vamos. Camino de ser una ciudad pacata, insignificante.


    Así las cosas, Maria Solivellas ha tenido que transformar su idea inicial; la ley sólo le permitía pasear su camioneta de sabores por las fires y no instalarse por unas horas en el Born. Finalmente, su coqueria y puesto de sopes abrirá las puertas a finales de este mes o a principios del siguiente en el Mercat de Santa Catalina, cerca de Can Frau. Un proyecto estupendo al que se le dará vida por otra vía pero que debería abrir un debate sobre la venta ambulante en el pleno del Ayuntamiento, siempre rígido y con pocas ideas originales, una institución que, como los niños, también debería tomar clases de cómo ser un buen emprendedor.

     

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