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Blog A tiro - María Elena Vallés

María Elena Vallés

Periodista de Cultura en "Diario de Mallorca". Comencé en "El Mundo-El Día de Baleares" en la misma sección. He colaborado en algunas ocasiones en espacios culturales de IB3. Twitter: @ElenaValles

Sobre este blog de Cultura

Este blog es en principio un recopilatorio de los artículos de opinión y análisis sobre la actualidad cultural de la isla que se publican los domingos en "Diario de Mallorca" bajo el epígrafe "A tiro". En la medida de lo posible, se actualizará con más frecuencia.


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  • 14
    Septiembre
    2013

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    Finales felices para el 'caso Miró’

     

    Hay varios finales felices para la historia del miró reaparecido. Desenlaces que están urdiéndose en los despachos, explicaciones que están siendo construidas. Lo que pasa es que en este asunto del cuadro extraviado y encontrado no hay buenos guionistas. En un buen guión, las piezas deben encajar a la perfección. Y éste no es el caso. Nada tiene sentido. En la víspera de la comisión de gobierno del museo, donde esperan tomarse medidas decisivas para depurar responsabilidades en el caso del cuadro, cada cual busca documentos que le protejan y papeles que impliquen a otros en la desaparición de la obra. Cuando lo más necesario sería partir de cero, porque si las piezas son defectuosas, el puzzle nunca podrá completarse. ¿Se atreverá alguien a proponer la refundación del propio museo Pilar i Joan Miró, una renovación de piezas, de fragmentos bien pulidos que encajen, en base a una verdadera fe en el legado del genio catalán, en el arte contemporáneo, en nuestra ciudad, y no en la política o en el sucio dinero? Parece ser que no. ¿Qué finales se están tramando ahora mismo para el caso del cuadro desaparecido y bien hallado? Hay varias posibilidades:


    Final feliz I. Por una parte, se intuye la voluntad de dar carpetazo al asunto y cargarle todo el muerto a la conservadora María Luisa Lax. Y santas pascuas. Pero no lean mal: nadie está protegiendo a Lax con estas palabras. Se le afea que no acudiera a la policía o al concejal de Cultura y presidente del museo Fernando Gilet al detectar la pérdida del cuadro. Su cargo como conservadora jefe conlleva responsabilidades, máxime cuando en la etapa de la desaparición de la pieza no había director o directora, sino un vacío de poder, una etapa de transición. Por eso, claro está que no asumió su responsabilidad en el momento que tocaba. Pero cuidado, porque tal y como dice Sherlock Holmes, nada resulta más engañoso que un hecho evidente. ¿Por qué nadie está hablando de la técnica de grado medio –Maria Antònia Artigues– que es quien debe ocuparse directamente del registro y supervisión de los movimientos internos y externos de la colección según el convenio colectivo del museo publicado en el BOIB en 2004? ¿Por qué no se le ha preguntado a ella, que fue quien se ocupó personalmente de confirmar la llegada y el buen estado del miró llegado al museo en octubre de 2010 y posteriormente desaparecido? Que nos estén obligando a mirar hacia una única persona, un único culpable en toda esta historia, no debería suavizar las responsabilidades de quienes urden bajo la sombra irse de rositas. O casi. Es decir, lo menos tocados posible.


    Final feliz II. En el caso del miró extraviado, el otro final feliz que busca el Ayuntamiento es mantener a un concejal que en pleno incendio coge un avión y se marcha a Ljubljana a desconectar. Está “muy cansado” y no va a hacer más declaraciones. Mientras arde Roma en Palma, asiste a la inauguración de una muestra en la que participa la infeliz Fundación. Supongo que, desde Eslovenia, el mundo se ve más tranquilo: los eslovenos tienen fama de afables y no saben nada (o poco) del caso Bárcenas, de Urdangarin o de Gürtel. Y un petimetre llamado Gilet podrá, allí, manipular la verdad más a gusto. Un buen político no puede huir, no puede contar medias verdades y no puede ir mal informado a una rueda de prensa. Todas esas cosas las ha hecho Gilet, quien se va a aferrar al cargo con Super Glue 3, pese a que en estos días haya sido borrado del disco duro del museo que él preside el archivo informático de transportes. Una eliminación de datos que podría haberse evitado si no se hubiera empeñado en aplazarlo todo: la comisión interna de investigación; la dimisión de la directora Elvira Cámara; la comunicación a la policía de la desaparición del cuadro; o su propia dimisión, tan aplazada que no se producirá. Porque el Ayuntamiento, si pudiera, también aplazaría la investigación policial. ¿Dónde está el cristalino Mateo Isern, ese mirlo blanco escondido en la cueva, para poner orden a tanto asunto turbio en sus dominios? Igual es que no es tan blanco.


    Final feliz III: Que Elvira Cámara se quede en la Fundación como directora pero con condiciones. Y aún se quejará de que el PP no haya cerrado filas en torno a ella. Esta directora no tiene vocación de servicio público: ocultamiento (durante años) es lo contrario a transparencia. Debe marcharse. No hay paliativos para su caso: su cargo es de máxima confianza y responsabilidad, no es una mera funcionaria. Igual no le quedó claro cuando firmó el contrato.


    Final feliz IV: Que al transportista Xim Quesada se le hagan únicamente preguntas sobre el cuadro que desapareció. ¿Cuántos traslados de mirós debió realizar en los últimos tres años? Ajá. Él debía saber que tenía el cuadro del genio catalán en la oficina.
     

     

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