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Blog A tiro - María Elena Vallés

María Elena Vallés

Periodista de Cultura en "Diario de Mallorca". Comencé en "El Mundo-El Día de Baleares" en la misma sección. He colaborado en algunas ocasiones en espacios culturales de IB3. Twitter: @ElenaValles

Sobre este blog de Cultura

Este blog es en principio un recopilatorio de los artículos de opinión y análisis sobre la actualidad cultural de la isla que se publican los domingos en "Diario de Mallorca" bajo el epígrafe "A tiro". En la medida de lo posible, se actualizará con más frecuencia.


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  • 24
    Octubre
    2013

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    El Tomi y Jan, el talento no se transmite sexualmente

     

    Al fondo del vestíbulo minimalista del hotel Palladium, en una suerte de salita de estar, aguardan dos grandes luminarias de la historieta del siglo XX: Jan y El Tomi. Uno espera encontrarse una sala llena de periodistas ante la presencia de estos grandes nombres del cómic, pero no es así. Somos escasos los plumillas: degustamos la conversación como una charla casi individual, cual placer furtivo de unos pocos. También soy consciente de que el hecho de que seamos cuatro gatos no esconde una actitud positiva o de normalidad hacia la cultura o el cómic, un arte que sigue percibiéndose como minoritario. Aunque cada vez menos. La razón me la dará la cifra final de asistentes a este Còmic Nostrum, que parece que en esta ocasión “es de verdad”, comentaba ayer Pere Joan en la inauguración de la exposición de El Tomi, en el Espai Cerdanya 8, con bastante trasiego de personal.

     

    Bajo el brazo, antes de comenzar a departir tanto con el creador de Superlópez como con uno de los autores fetiche de El Víbora en los ochenta, porto el álbum Tangozando, cuyos originales fueron alabados e incluso calificados como lo mejor de la muestra del dibujante argentino. “Los más jóvenes me llaman setentista”, confesaba a las puertas de la sala que mantiene los originales del porteño hasta el 31 de octubre. “A la muchachada de ahora, con tanto acceso a imágenes pornográficas, todo les parece light, suave”, apunta. Y explota a reír asintiendo cuando se le comenta que el actor porno Rocco Siffredi lamentaba en una entrevista que sus hijos, de 16 y 17 años, ya no hablaran de mujeres. Y es que es así. A pesar de que el flujo de imágenes con sexo explícito inunde la red, El Tomi confiesa que tiene más problemas ahora para publicar sus cómics eróticos que antes. “Tiene que ver con el partido político [el PP] que está gobernando ahora”, asegura, algo que contrasta con la época de Felipe González, “una de las causas por las que yo me vine a España en los ochenta”, concede. Aún recuerda cuando Josep Maria Berenguer, el fundador de El Víbora, lo recibió en su despacho en Barcelona. “Miraba mi trabajo, una historieta que le llevé, y se puso a contar las vulvas y los penes dibujados. Luego me dijo: “Vale, de acuerdo, pero añade más pollas”. El dibujo de la anatomía, de los culos poderosos, de los pechos voluptuosos hizo famoso a El Tomi (El Desmitifcador) en una España pacata y lastrada por los excesos de una educación religiosa. El franquismo quedaba a la vuelta de la esquina. “Los que más consumían mis historietas eran los fachas y los onanistas”, indica.

    Jan pide la palabra. A él lo que más le ha afectado a la hora de publicar es la crisis, no el contenido de sus viñetas. “Mi forma de criticar siempre ha sido más soterrada”, justifica. En el polo opuesto, El Tomi, siempre acusado de ser ultracombativo, también en la caricatura política que practica en varios diarios argentinos. “Hace no mucho me querían rebajar y hacer cambiar una de ellas, y me negué en rotundo. Nunca voy a aceptar injerencia alguna en mi trabajo”, defendió en voz alta. El padre de Superlópez, en cambio, lo que está padeciendo es una carga de trabajo excesiva, “por lo que la calidad baja, el guión lo haces más rápido”, se queja. Las editoriales cada vez contratan a menos dibujantes y abarrotan de encargos a los más rentables. “Eso es ir hacia atrás”, considera.

    A El Tomi tampoco le falta trabajo. Afincado en España hace diez años tras pedir asilo político, comenzó a trabajar en una productora y distribuidora de cine erótico que quebró con la crisis. “Cuando España cayó, Argentina se fue recuperando y me fueron llamando de allá”, relata. Así, trabaja a distancia en la Agencia de Noticias del Estado de Argentina y en varios diarios haciendo caricatura política. También dibuja para la revista Fierro, una de las publicaciones sobre viñetas más importantes de su país. La libertad de la que presume a la hora de criticar o ilustrar es absoluta, algo de lo que se congratula. “Tampoco creo en la autocensura, es algo psicológico que uno se impone”, observa. Pintar culos también es psicológico, concede. Freud is back again.

    Parece que Jan tampoco tiene en gran aprecio al partido que actualmente está en el poder en España. Hay que recordar que rechazó el pasado diciembre la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. “Son premios que sirven para prestigiar a las instituciones, y yo no puedo prestigiar a una institución que no me gusta”, razona. “Los reconocimientos que a mí me gustan son los que vienen de la gente: de los salones del cómic o de los ayuntamientos”, agrega. “Uno no puede aceptar que le condecore un gobierno que no le gusta”, zanja. Uno de los campos de pruebas de Jan fue Cuba, adonde se fue a vivir con 20 años. Allí comenzó con los dibujos animados. “Mi verdadera pasión es la animación, pero finalmente me pasé al cómic porque mi problema auditivo me dificultaba manejar equipos humanos”, concede. Con la distancia suficiente, a día de hoy, reconoce que sí se autocensuró durante aquella época, en la que Castro tomó el poder. “Iba con el Gobierno al principio, así es, pero al final nos decepcionamos”. Cuando Jan abandonó la isla, el régimen eliminó uno de los personajes más queridos creados por el dibujante: la mascota de los pioneros cubanos. La libertad total y la posibilidad de poder hacer un cómic más de autor le llegaron con Superlópez (con más de 60 álbumes publicados), en la estricta casa Bruguera. “Pude hacer lo que quería porque se vendía bien”, evoca. Para el dibujante, su parodia del superhéroe se ha convertido en un recurso y en un medio para retratar todo tipo de situaciones. Sobre todo sociales. “Pero puedo hacer cualquier cosa, sólo necesito imaginación, y a veces se me da bien”, confiesa. La última historieta en la que está trabajando versa sobre desahucios. “Puede parecer que últimamente mis historias son tristes, pero la forma de contarlas no es pesimista, pero es cierto que no busco finales felices. Los dejo abiertos por si alguno de mis lectores piensa”, señala.

    Hacia el final de la conversación, encontramos un punto de confluencia entre ambos autores. El Tomi se define: “Yo soy periodista y caricaturista político”. Jan se pone frente al espejo: “Yo un cronista de la realidad”. No son perfectos negativos, como hemos dicho, pero en algo se parecen estos dos dibujantes excelsos.

    Anoche pudimos contemplar la amplitud técnica en la que se maneja El Tomi, autodidacta, un apasionado de Tàpies y de pintores más clásicos. Trabaja sobre papel manchado con grafito en polvo, sobre el que dibuja y borra; también lo hace con pastel al óleo diluido con aguarrás, gouaches y un poco con el ordenador. Contemplando anoche su obra en Cerdanya 8 pensaba: jo, el talento no se transmite sexualmente.

     

     

    Hoy, a las 19.30 horas, inaugura Jan en la librería Agapea, en una muestra en la que también se exhiben las portadas de los 50 números (además de otras nuevas realizadas ex profeso) de la extinta revista Esquitx. Su cierre fue fruto de un error (más) de ese partido político que poco aprecian Jan y El Tomi. 

     

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