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Blog A tiro - María Elena Vallés

María Elena Vallés

Periodista de Cultura en "Diario de Mallorca". Comencé en "El Mundo-El Día de Baleares" en la misma sección. He colaborado en algunas ocasiones en espacios culturales de IB3. Twitter: @ElenaValles

Sobre este blog de Cultura

Este blog es en principio un recopilatorio de los artículos de opinión y análisis sobre la actualidad cultural de la isla que se publican los domingos en "Diario de Mallorca" bajo el epígrafe "A tiro". En la medida de lo posible, se actualizará con más frecuencia.


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  • 06
    Abril
    2014

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    El éxito

     

    Siempre leo con mucho gusto al filósofo Javier Gomá. Sus reflexiones sobre la cultura me parecen clarividentes y aventajadas a las de la mayoría cuando analiza los aspectos que centran el último debate que agita al sector. Ahora, en un momento en que el marketing ha penetrado –sobre todo a través de las redes sociales– descaradamente en la cultura, el ensayista sopesa cómo hay que medir el éxito de un proyecto cultural y las implicaciones del concepto. Unas consideraciones que vienen al hilo del “éxito” –según la organización– cosechado por el ArtPalma Brunch del sábado.


    En primer lugar, Gomá pone en duda la penalización o recompensa de un acto cultural en función del tráfico de visitas, esto es, de la dictadura del número aplicada cual ley marcial a los museos. En este sentido, atendiendo estrictamente  al flujo de visitantes, el brunch funcionó, ayudado por un solazo primaveral después de una semana de precipitaciones y por el vino descorchado. No le quitaremos mérito a la cita: comienza a ser popular. Y va camino de ser más una fiesta que un festival artístico o bienal de arte. Y una fiesta es lo que es: una fiesta es una fiesta es una fiesta. Sin más (o pocas) implicaciones intelectuales. Si el objetivo final es ése, una sanísima y lícita mundanidad, perfecto: creo que nunca hay suficientes fiestas en el mundo. Sin embargo, si la aspiración es convertirse en un festival cultural y artístico de peso –y esto lo dicen los organizadores, los galeristas–, difícilmente se puede considerar “éxito” lo que vimos el pasado sábado.


    ¿Y qué es el verdadero éxito? Depende del objetivo. Si los galeristas que organizan la cita buscan abiertamente largas colas a las puertas de sus espacios, el ArtBrunch es un éxito mediano. Si únicamente van detrás de las ventas, en estos momentos de crisis es un fracaso –con excepciones, claro–. Y si lo que  persiguen es generar conocimiento nuevo, intercambio de ideas o reflexión acerca de la tradición y la modernidad artísticas y sus aportaciones ante las problemáticas del ser humano, cabe decir que esta edición se ha quedado corta en contenidos. Los galeristas no deberían en absoluto sorprenderse ante las críticas recibidas en las dos últimas ediciones del brunch, máxime cuando son ellos quienes se han otorgado a sí mismos el papel de prescriptores culturales en Palma y de dinamizadores. En calidad de esto último, hay que aplaudirles: ayer Palma estaba animada. Pero como prescriptores culturales en los últimos tiempos han perdido el fuelle que antaño  pudieron tener. Y la pregunta es, ¿por qué? ¿Es la crisis su único problema o la falta de un proyecto, el agotamiento de un modelo? ¿Se ha perdido el afán por descubrir artistas? ¿O por hacer dialogar a los consagrados con los nuevos? No me cabe ninguna duda de que los galeristas deben estar en éstas: cuestionándose a sí mismos para salir a flote y reflexionando constantemente sobre cuál es su misión. Porque, en gran parte, su éxito depende de ello.

     

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