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Blog A tiro - María Elena Vallés

María Elena Vallés

Periodista de Cultura en "Diario de Mallorca". Comencé en "El Mundo-El Día de Baleares" en la misma sección. He colaborado en algunas ocasiones en espacios culturales de IB3. Twitter: @ElenaValles

Sobre este blog de Cultura

Este blog es en principio un recopilatorio de los artículos de opinión y análisis sobre la actualidad cultural de la isla que se publican los domingos en "Diario de Mallorca" bajo el epígrafe "A tiro". En la medida de lo posible, se actualizará con más frecuencia.


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  • 16
    Noviembre
    2013

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    El círculo de Toni Catany

     

    Hago una prueba: le muestro a una persona que jamás ha visto las fotos de Toni Catany algunas de las instantáneas que componen la única exposición individual abierta ahora mismo sobre su obra, la de la galería barcelonesa Trama. Le oculto, intencionadamente, que el resultado es fruto de un proceso fotográfico. “¿Qué ves?, le pregunto sosteniendo el catálogo de las piezas. “Sobrecogedores cuadros, estampas antiguas, el Barroco y, oh, un rothko”. Él o ella (mi amigo) han reconocido un festín de pintura en las imágenes del llucmajorer que se marchó pisando sigiloso el mismo suelo que otros atraviesan como si lo apuñalaran con los zapatos. “Era com un homenet de paper. Que l’estimàvem de molt”.


    La fotografía de Toni jamás aspiró a documentar hechos, accidentes, proezas o peripecias; si acaso dejó constancia de la belleza, del aire que rodeaba una escena, del paso del tiempo y de cierta mitología e identidad mediterráneas. Pero también aprisionó la tristeza clásica, la ausencia y cierta tribulación contemplativa, sin concederles a estos sentimientos un contexto que pudiera desviar la atención del espectador. Prueba de ello son las últimas fotografías de Catany, que pueden visitarse hasta el 3 de diciembre en Barcelona, una selección de 25 obras de una serie más amplia titulada Altars profans, bodegones de estados anímicos.


    El título y la idea del altar nacen de la relación entre esta expresión –altar profano– con un recuerdo lejano que retrotrae al artista isleño a los meses de mayo de su infancia en Llucmajor, cuando, deslumbrado por la ornamentación de la marededéu de la iglesia del pueblo jugaba con sus amigos a imitar aquel esplendor y aquellos fastos elaborando sus propios altares con imágenes religiosas, flores y cualquier otro objeto al alcance.


    Así, continuando con aquel juego infantil, el artista mallorquín había empezado a reunir objetos personales muy queridos y que fueron tomando espacio en su piso de Barcelona. En cuestión de meses, los fue disponiendo sobre mesas cubiertas por manteles antiguos, telas que evocan desde el oropel oriental a la frugalidad rural. Composiciones. Luego las fotografió frontalmente, sin trampas. El resultado, lejos de la exuberancia colorista de los bodegones de los años ochenta, es más austero, barroco en la luz, atávico, primitivo. Estos bodegones de la galería Trama son lo contrario a la corrosión capitalista.


    Quien visite la muestra de Trama ha de tener en cuenta -también- que cada fotografía de Catany es una autobiografía. Todos los objetos inmortalizados en las obras son inseparables de la vida del artista: algunos provienen de su casa natal de Lucmajor (aún recuerdo cuando me mostró un barceló con algunas de las cosas que encontró en el trastero de su casa: varios objetos y los huesos de un ratón alineándose en una disposición azarosa pero artística); otros, de sus numerosos viajes: hay cerámica de Costa de Ivory o Egipto, de Grecia, ídolos precolombinos; y también conchas de mar de Mallorca, flores secas, tejidos de Ghana, telas de algodón usadas, temporada tras temporada, para la cosecha de la almendra en el campo de su familia, etc. Un inventario que habla de la muerte, del placer, del amor, de la amistad, del arte. Me hubiera gustado ver también el último libro que Catany estaba preparando. Un libro autoeditado que consiguió terminar. Un volumen de imágenes sobre las paredes de Llucmajor, “pequeños tàpies”, les llamaba él. Volver al muro, a la pared, a la materia, a la casa, a la infancia. Toni también regresó para descansar eternamente en su tierra. El círculo se cerró. Pero no su legado. Ni su memoria.

     

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